domingo, 3 de julio de 2011

Un hombre pequeñito; Olegario, de Raf

Superadas ya las 10000 visitas a esta humilde bitácora, inicio el post nº 250. Y como humilde es mi intención, trataré de hablar de un personaje pequeño, insignificante, que no de lugar a dudas de que la concurrencia de números vaya a dar lugar a alharacas ni fasstuosas celebraciones...

De momento, pongamos que hablamos de Raf.


Tras un periplo por esas tierras extranjeras desde 1959 dibujando sus monos, incluso en ultramar, Raf regresó a España a seguir deleitándonos con su arte desde casa.
“Empecé a trabajar para la Fleetway inglesa tras una estancia en Londres y a través de una agencia. Pero dos años después decayó el mercado inglés y tras una intentona baldía en Escandinavia regresé a España”.
Otto Chuffen, para IPC

También para IPC, Messy Schmidt. ¿Pensarían que este dibujante tenía algo que ver con la aviación por su pseudónimo RAF?

De este período son sus colaboraciones en la revista inglesa Film Funn, donde inventó historietas sobre Tony Hancock, y en la revista Buster, donde contaba las aventuras de un marcianito en la Tierra, Milkiway, que conocimos en España como Cosmolito.
Milkiway, aquí Cosmolito. Debajo billetes de la moneda de "curso legal" que emitía Bruguera para particiar en sorteos y conseguir regalos; los Mortadelo$



Raf dibujó para la agencia Barton Fleetway en los primeros años sesenta a Cosmolito y fué publicada por Tio Vivo en los primeros meses de 1964, en varios números de la revista, entre los números 160 y 180, aproximadamente. Estos que os ofrezco aparecía más tarde en Din Dan

Para Pinguino, revista chilena, hizo además de personajes femeninos y chistes, muchas portadas a color. También colaboró en las revistas Matarratos y Aquí Marilin, de la editorial Ibero mundial de Ediciones, donde crea el personaje Gustavete (1963).
Ya en España estuvo colaborando en las revistas TBO y Matarratos firmando con su segundo apellido, Roldán. 

Original de Don Jerónimo, jefe de Oficina para TBO





Otro Don Jerónimo, más antiguo, para el nº 43 de Paseo  Infantil

Como ven al dibujante y una breve semblanza de Raf/Roldán en el TBO

Dos originales para la chilena "El Pingüino"



Más originales de Mecha, para "El Pingüino"




Más producción de Raf para "El Pingüíno"


¿Cómo fue su regreso a Bruguera? Según una entrevista en Amaníaco:

P. ¿Y su segunda etapa? ¿Cuándo vuelve a Bruguera?

R. Bueno, entonces me vinieron a buscar ellos.

P. Lo vinieron a buscar… ¿Lo encontraban a faltar?

R. No, entonces yo me había cotizado bastante en esos años fuera de ellos, y entonces ellos iban muy boyantes. Eso fue por el año 67, primero no quise firmar contrato, pero luego me fueron convenciendo, y acabé firmando el contrato.

P. ¿influyó en sus personajes el hecho de haber estado trabajando para el extranjero?

R. Bueno, se puede decir que trabajando para Inglaterra aprendí a dibujar, es decir, no era el típico dibujo de Bruguera. Aquí siempre había habido una escuela u otra dentro de Bruguera. De aquí vinieron algunas de las desavenencias, porque yo tenía mi modo de hacer, y no me quería meter. En la primera época, la escuela era Vázquez, Vázquez y Conti. En la segunda época, era Ibáñez, y ya ni se me mencionó que siguiera el estilo de Ibáñez, que fuera a mi aire y ya está.

Precisaré las palabras del propio Raf, ya que al menos del personajillo del que quiero hablar hoy hay publicadas historietas en Pulgarcito al menos desde Mayo de 1966.
Pulgarcito nº 1827, 6 de Mayo de 1966

Olegario es una de sus primeras aportaciones en la segunda etapa de Raf en Bruguera, cuando realmente se inicia su época dorada, en la que ya podemos apreciar su endiablado trazo, la agilidad y la vitalidad con que sus personajes se mueven por las páginas. Publicado inicialmente en Pulgarcito, y extendiéndose, tal era la costumbre, a las diversas publicaciones bruguéricas a conveniencia, Olegario era un personaje bajito de los de Raf, un oficinista de lo más normal que tenía una característica inopinada y sorprendente: estaba casado. Y si os vienen a la cabeza en estos momentos decenas de personajes bruguéricos que estaban casados, dejadme aclarar algo. Es que Olegario, además, tenía una hija. Una hija mayor, de unos 16 años. Pero no acaban aquí las curiosidades sobre este entrañable personaje.

Olegario comenzó siendo una especie de trasunto de aquel señor de negro que interpretara años más tarde José Luis López Vázquez en la serie de TVE y que tanto abundaba en las páginas e Bruguera, retratando aquel sujeto carpetovetónico que circulara por las calles de una depresiva España en plena dictadura. No tenemos más que recordar a Don Agapito de Blas Sanchís, Don Pésimo, el amigo de Don Óptimo de Escobar, a Carpeto Veto de Gossett (si bien este es posterior), al mismísimo Rompetechos, o a Don Pedrito (que está como nunca), ambos de Ibáñez (y este último también de Blas Sanchís). El carácter de Olegario era vivaz, por lo que su anticuado aspecto no respondía a los que su personaje hacía. Posiblemente, tras lo años de ausencia, Raf quiso regresar a Bruguera con un personaje clásico, de los de la casa. Pero entre el 59 y el 66 habían pasado 7 años (y si no me creéis, podéis hacer las cuantas pertinentes) y en España, aunque parezca mentira, e incluso en Bruguera, los tiempos estaban cambiando, o al menos, comenzando a cambiar.

Así que un buen día estábamos riendo con las anécdotas que le ocurrían a un señor bajito, con bigote, vestido de negro, calvo y con un cordón del zapato siempre desatado (y que el trazo de Raf hacía parecer vivo) y de repente, sin solución de continuidad, veíamos a un tipo bastante más joven que se había afeitado, había dejado su sombrero en la percha y que tenía una tímida matita de pelo rubio donde antes había una calva. Eso sí, seguía sin atarse ese zapato. ¿Por qué ocurrió este cambio? ¿Fue idea del propio Raf o una directriz editorial (de Rafael González, que es lo mismo)? Siguiendo con la proverbial falta de continuidad en el Universo Bruguera, que ya sabemos que se debía sobre todo a la publicación según les viniera en gana de las historietas que les iban entregando los dibujantes (excepto en aquellas con continuará, faltaría más), una vez se nos presentó al nuevo Olegario, tuvimos la “oportunidad” de seguir disfrutando intermitentemente de la presencia del antiguo hasta que se regularizó la situación. O sea, hasta que se acabaron las páginas inéditas del Olegario con bigotito. Y por supuesto, también disfrutaríamos de varias republicaciones, a las que me niego a llamar reediciones.






Raf, que quizás quiso dar explicación al cambio de look del pequeño personaje, se sacó de la manga una historieta en la que daba una justificación que, al menos, trataba de dar continuidad al mundillo de Olegario.

Este mundillo estaba formado por aquellos personajes con los que se relacionaba tanto en la calle como en la oficina. En la oficina tenemos al Jefe Gordo, Don Filiberto Mandánguez, que a diferencia de otros jefes oficinescos que hemos visto con Rosendo Cebolleta o Pancracio Trapisonda, si era siempre el mismo. Por lo menos Olegario no padecía de esa tradicional precariedad laboral bruguérica habitualmente, aunque andaba corto de dinero y alguna vez sí que le vimos en la calle (en el sentido desempleado del término).

También le hemos visto cometer algún desaguisado que ha supuesto una importante pérdida económica, y tratando de reunir desesperadamente una desorbitada cantidad de dinero de la que nuestro pequeño personaje carece. Y ya no hablemos de compritas a destiempo por parte de su mujer o su hija…


Aparte de los compañeros de trabajo, que no parecen ser “fijos”, estaría el botones, un mozalbete de la misma talla de Olegario, por el que siente respeto y cierta amistad, y que se prestará a alguna que otra confusión debida al tamaño. El corto tallaje de Olegario es base para multitud de chistes y malentendidos, lo que nos muestra una especie de mala uva por parte de Raf, que era alto y espigado. También podemos ver muestras de ese humor abusa-bajitos en los casos del Burgomaestre de Sir Tim O´Theo o Tapón, el compañero de Manolón (conductor de camión, que acabó conduciendo furgonetas). En el caso de Olegario, es confundido con un niño, ha de subirse a taburetes o escalones “para estar a la altura”… En una ocasión ha de utilizar una bola de hierro con cadena  para evitar ser llevado por el viento. En otra le podemos ver encima de un caballito de juguete mientras le cortan el pelo, guardando un gran secretismo, como un niño-hombre, gracias a la intensa búsqueda de que le hace objeto su jefe. E incluso en otra ha de hacer de muñeco de ventrílocuo.

Olegario Mosquítez de la Molécula, tal era su gracia completa, estaba casado con una señora llamada Pascuala. Ole, como le conocen cariñosamente sus allegados, tenía varios amigos y conocidos recurrentes, a los que se suele conocer por el apellido (lo que nos lleva a teorizar que probablemente fueran antiguos compañeros de estudios, o de mili-si es que Olegario dio la talla). Con apellidos como Perengánez, Perebóllez, Turulátez, Repóchez, son esporádicos extras que actúan como comparsas, como actores de un solo papel.

Amigo-amigo de Olegario sería el Profesor Pepinoff (aunque en alguna ocasión se llame Pepucoff), un extravagante científico que aporta una nota exótica al normal y… pequeño mundo de Olegario. Sus invenciones, descubrimientos, experimentos y despistes de científico despistado (y con aspecto de científico despistado) son otra fuente añadida de gags para las historietas de Olegario.
Aparte de su mujer y su hija, cuyas escasas apariciones fueron quizás, e irónicamente,  la razón de su pervivencia, la familia de Olegario está compuesta por un par de tíos, o sea, hermanos de los ignotos padres del personaje. Uno de ellos era un peculiar tío bombero jubilado, tocado con el característico casco (antiguo) propio de la profesión, que desapareció paulatinamente. La que sí que tiene peso, por partida doble, es la tía Filiponcia. Filiponcia Del Peculio es una oronda señora de posibles, con bastante dinero, tras cuyo deceso ha de recibir Olegario en herencia. Esto hace que Olegario tenga trabajo extra para evitar ser desheredado, aparte de ir preparando el camino, no sea que la tía Filiponcia cambie de opinión. El aspecto de doña Filiponcia sí que varía con el tiempo, pero permanece constante el sobrepeso, en abierta contraposición al esmirriado sobrino, a veces más y a veces menos, pero siempre fuente de malentendidos y chascos que enfurecen a la rica señora y humillan y dejan sin herencia -temporalmente- a Ole.





Para colmo de males, su tía es una de las principales clientes del negocio para el que trabaja Olegario. ¿En qué trabaja Olegario? En una oficina que trata con clientes que firman contratos.  No se sabe. Por cierto, que seguramente dicha oficina, así como el domicilio de Olegario, estén sitas en Barcelona, a tenor de algún taxi que de vez en cuando tenemos la oportunidad de ver.

También tiene Olegario interacción con la infancia, y es en forma de, otra vez en el mundo de la historieta bruguérica, un sobrino. Este sobrino, travieso aunque no tan terrible como el Pepito de Rigoberto Picaporte, es una versión ligeramente más pequeña de Olegario. Como curiosidad mencionar que Olegario tiene un primo (de historieta única) que también es su viva imagen, aunque aumentada como por un microscopio electrónico, y que dará un buen susto al profesor Pepinoff.
Como un gran porcentaje de españoles, Olegario también es un gran aficionado al deporte del Balompié, lo que también será excusa para variados gags. El equipo de sus amores en el Cenizo  C.F., y parece ser, una vez más, como ocurre con el Pedrusco de Pepe El Hincha, un equipo de paquetes que le da múltiples disgustos al pequeño aficionado. Encima, todo el mundo en su oficina son seguidores del eterno rival, el U.P.Chiripa.
Ah, y aparece en casa de Olegario alguna vez una fámula… ¿Pero qué tendrían los dibujantes de Bruguera con el servicio doméstico?











1 comentario:

  1. ¡¡INCREÍBLE REPORTAJE!! Pero cuántas historietas de Olegario... ¿las has puesto todas?

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