sábado, 2 de julio de 2011

La película de la semana (cuando veo película en la semana en curso) (8)

Ficha técnica:
Dirección: Clint Eastwood.
País: USA. Año: 2009.
Duración: 134 min.
Género: Biopic, drama.
Intérpretes: Morgan Freeman (Nelson Mandela), Matt Damon (François Pienaar), Marguerite Wheatley (Nerine), Patrick Lyster (Sr. Pienaar), Matt Stern (Hendrick Booyens), Julian Lewis Jones (Etienne Feyder), Penny Downie (Sra. Pienaar), Tony Kgoroce (Jason Tshabalala), Patrick Mofokeng (Linga Moonsamy), Adjoa Andoh (Brenda), Leleti Khumalo (Mary).
Guión: Anthony Peckham; basado en el libro “El factor humano” de John Carlin.
Producción: Clint Eastwood, Lori McCreary, Robert Lorenz y Mace Neufeld.
Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens.
Fotografía: Tom Stern.
Montaje: Joel Cox y Gary D. Roach.
Diseño de producción: James J. Murakami.

No sé que me pasa con el 90% de las películas de Clint Eastwood, que tienen algo que me atrapa. ¿Será que están bien hechas? ¿Será que están MUY bien hechas?
La cuestión es que un deporte tan ajeno a mi como el rugby, tanto por su falta de tradición en mi país como por lo poco que me atrae el deporte en general, llega a hacerme vibrar en esta pelicula. Y no tengo ni idea de cuales son sus reglas (y sigo si tener ni idea, aunque creo que he aprendido que ese balón con forma de melón se puede pasar a otro jugador hacia atrás o en paralelo, pero nunca hacia adelante).

Invictus es el título de un poema del inglés William Ernest Henley (1849-1903). A los 12 años, este señor tuvo tuberculosis, y la enfermedad le afectó los huesos. Años después, los médicos le dijeron que tenían que amputarle la pierna por debajo de la rodilla para salvar su vida, pero la enfermedad le había afectado seriamente. En 1875 escribió este poema desde la cama de un hospital:

En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar
si bien he sangrado, jamás me he postrado. 

Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror,
no obstante la amenaza de los años
me halla y me hallará sin temor.

Ya no importa cuán recto haya seguido el camino,
ni cuántos castigos lleve a la espalda,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

Robert Louis Stevenson se basó en Henley para crear al mítico Long John Silver. Y parece ser que Nelson Mandela tenía este poema como inspiración durante los 27 años que pasó en la prisión de Robben Island, y después, de ahí el título de la película. Porque la selección nacional de Rugby de Sudáfrica, hasta entonces (estamos hablando de 1997) no eran invictos, sino todo lo contrario. Actualmente han ganado dos veces la Copa del Mundo de Rugby (y en esta película se nos cuenta la primera) y son la segunda mejor seleción de este deporte a nivel mundial en el ranking por detrás de Nueva Zelanda.




A estos ganaron en la final de 1997. Los temibles neozelandeses, los famosos All Blacks con su conocida danza ritual, la Haka, que realizan antes de los partidos con el objetivo de reivindicar su cultura y también para intimidar a los rivales; aunque no te guste el rugby como a mí, seguro que lo has visto.Los sudafricanos eran (y son) conocidos como los Springboks, y los colores de su indumentaria están basados en la antigua bandera sudafricana identificada con el Apartheid. Pero la camiseta permanece porque Mandela rechazaba la confrontación y el mesianismo fundacional. Impide que se cambie la camiseta de los Springboks, un equipo con el que hasta 1995 la mayoría negra no se identificaba porque sus jugadores eran casi todos blancos. El “camarada presidente” procuró un camino sencillo para vigorizar el entramado nacional y darle a esa nueva nación una potente y saludable esperanza social.
Clint Eastwood sólo necesita un minuto, el primer minuto de Invictus, para explicarnos qué fue el apartheid; comienza con la liberación de Nelson Mandela en 1990 y llega hasta 1995. De la forma más natural posible, la evolución de Sudáfrica, la reconciliación entre blancos y negros, está ahí, en la pantalla. Primero unos por un lado y otros por el otro, caras largas. Después se van mezclando, van hablando, se van conociendo. Y ahí es el momento del deporte. Y es que la película, que narra paralelamente los primeros años de Mandela en la presidencia de Sudáfrica, nos muestra el poder del deporte como catalizador de la unión entre personas ajenas entre sí normalmente, pero que comparten una pasión y un objetivo. Y aunque a algunos nos pese, es así. En este caso ocurrió en el estadio Ellis Park (aunque su nombre oficial es, por motivoa claramente publicitarios, Coca Cola Park. Aún así, lo de Ellis Park es tan legendario a nivel deportivo que cualquiera le cambia el nombre...) Como residente en España y natural de este país, en los últimos años observé dos reacciones multitudinarias ante dos hechos, uno luctuoso y otro similar al que se nos narra en esta película. Ambos tuvieron inmensa repercusión a nivel mundial, y no quiero que se me malinterprete, pues no tienen parangón, pero sirven de ejemplo.

Tras ganar la selección Española el Mundial de Fútbol en el estadio Soccer Cty de Johannesburgo, un sentimiento de amor a la patria se apoderó de una inmensa mayoría de españoles, reivindicando la españolidad, de la que muchos no es que renegaran, pero tampoco es que fueran pregonándola, sobre todo en esta coyuntura de crisis. Las calles se llenaron de banderas rojigualdas y la gente, por unos días, iba más sonriente por las calles. Como somos así, también se prestó atención a lo que ocurría en Catalunya y Euskadi con estas celebraciones. Buitrismo mediático, supongo, tampoco le presté más atención así que no me veo con autoridad moral para hablar de ello. La cuestión es que por unos días, se dejó de hablar de la crisis en los mass media, y, repito, vi más gente sonriente que de costumbre.
El hecho luctuoso al que me refería tuvo lugar durante los atentados del 11 en Madrid. En Atocha tenía yo mi lugar de trabajo por entonces, y debido a los destrozos ocasionados por las bombas, la estación permanecía cerrada algunos días mas tarde, por lo que haciendo caso omiso a lo que mi sentido común me dictaba, me encaminé al trabajo utilizando el coche. Pues jamás vi un tráfico más fluído, tranquilo y respetuoso en el centro de Madrid como aquellos días. Coches cediendo el paso, parando con los semáforos en ámbar, sin atascos ni bocinazos. Era un tráfico que funcionaba movido por la pesadumbre. Ojalá no vuelva a verlo.
Pero lo que se nos narra en la película, si bien está relacionado con esto, y además muy bien narrado, tiene que ver con lo que quiso hacer Mandela en su país. No quiso venganza, no deseó revancha, quiso unión para construir algo sobre las cenizas que le arrebataron casi 30 años de su vida. Y utilizó el deporte para ello. Hizo más cosas, claro, pero es que estamos hablando de Invictus, la película de Clint Eastwood, una película que igual manipula, o no, o igual te hace pensar. Una buena película.
Han pasado ahora dos años desde que se estrenó en 2009, basada en el libro de John Carlin Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game that Made a Nation (En español se titula El Factor Humano) con guión de Anthony Peckman, natural de Sudáfrica.Peckham comenta: -“Mandela se dio cuenta que tenía la oportunidad perfecta para enfrentar al electorado que no había votado por él… porque en realidad le temían. Los sudafricanos blancos seguían los juegos de los Springboks religiosamente, por eso, utilizar el foro de la Copa Mundial fue brillante. Ya no se trataba simplemente de un juego, sino del hecho de que Mandela vivaba por un equipo que los sudafricanos negros odiaban. A fuerza de voluntad logró que toda la gente apoyara y siguiera al equipo”.

Morgan Freeman, que parecía haber nacido para este papel (aunque sea más alto y fornido que alguien que pasó tanto tiempo en prisión, del cual parece ser que es amigo) interpreta al ex presidente y Premio Nobel de la Paz. Matt Damon interpreta a François Pienaar, el capitán afrikaner (de clase trabajadora) de aquella selección campeona. El actor fué entrenado para parecer que sabía jugar al rugby por Chester Williams, el único jugador negro de aquella selección en la película, aunque en la realidad no se recuperó de la lesión que sufre en la cinta y participó en el mundial...acomodando sitios para periodistas. Ambos actores estuvieron nominados al Oscar, pero ninguno se hizo con la estatuilla dorada (Hay que ver qué frase tan manida acabo de escribir).


Clint Eastwood metió también en la pelícua a dos de sus hijos; Kyle, que hace la música, y Scott, que interpreta (mas bien encarna, pues no tiene papel actoral real) a Joel Stransky, cuya anotación casi al término del juego permite la victoria de los Springboks en la final de 1995.
El peso de lo que hicieron selección y presidente lo pone en imágenes Clint Eastwood cuando se inicia el partido definitivo: las calles vacías de las ciudades surafricanas, la gente agolpada frente a la televisión, en bares y casas –hasta Zinzii, la hija de Mandela-, todos esperando que SU equipo gane. Un detalle especial, de sapiencia de la narrativa y emotividad cinematográfica, se ve con un niño negro que poco a poco se acerca al estadio, en las afueras, junto a un coche de la policía. Los policías primero lo miran con recelo y luego lo aceptan, juntos escuchan la radio con los pormenores del juego. En las gradas, las parejas de guardaespaldas, uno negro y otro blanco, arrinconarán su desconfianza mutua (que ya ha ido limándose gracias al trabajo conjunto) y se darán la mano (a punto están de abrazarse, pero se lo piensan una fracción de segundo). Igual que el público, que  sus miedos a venganzas y años de Apartheid, y se abrazarán sin fijarse el color de la piel.

Detalles.

Durante la final del Mundial de Rugby, los guardaespaldas se alarman al ver un avión jet en vuelo bajo acercándose al estadio, haciéndoles temer un atentado, escena que está cargada de tensión a pesar de saber que el la realidad no currió nada. En realidad, todo el personal de seguridad estaba informado sobre las maniobras de aquel avión.
El comentarista de TV que al principio ataca a los Springboks por rencor, al finalizar el partido le pregunta al capitán "¿Qué se siente al tener 62.000 seguidores apoyándoles en el estadio" a lo que Pienaar responde "No teníamos 62.000 aficionados apoyándonos, tuvimos 43 millones de sudafricanos". Esta pregunta y su respuesta son reales, pero no la hizo ese periodista, Johan de Villiers (licencia narrativa), sino otro llamado David  van der Sandt.
Ya he contado que el Ellis Park se llama Coca-Cola Park actualmente, de hecho, desde 2008, así que el que se vean emplazamientos publicitarios durante la película mostrando ee nombre es un descuido, ya que la final tuvo lugar en 1995.
  El primer partido que se ve fué el primero que jugó Sudáfrica tras levantarse el veto por el Apartheid. Pero no fué contra Inglaterra, sino contra los All Blacks.
Mandela estuvo en prisión 27 años, de los cuales pasó "únicamente" 17 y medio en Robben Island. Fue encarcelado en Johannesburgo y Pretoria durante el año y medio que duró el juicio, y luego enviado a la isla de Robben durante esos17,5 años. Fue trasladado a la prisión de Pollsmoor durante 6 años, y posteriormente a la prisión Victor Verster durante 2 años hasta su liberación.La celda de la prisión de Nelson Mandela  que el equipo de rugby de Sudáfrica visita en la película es la verdadera celda donde estuvo recluído Mandela.
Antes de que comenzara la producción, Morgan Freeman y Lori McCreary, una de las productoras, hicieron un viaje a Sudáfrica para obtener la aprobación de Nelson Mandela para rodar la película. De acuerdo con McCreary, Freeman comenzó diciendo, "Madiba, hemos estado trabajando mucho tiempo en este proyecto, pero acabamos de leer algo que creemos que podrían llegar a la esencia de lo que eres ..." Aún no había terminado, cuando Mandela dijo: "Ah, la Copa del Mundo." 
Las escenas exteriores de la casa de Nelson Mandela se realizaron en su residencia actual en Johannesburgo, mientras que las escenas interiores se rodaron en una casa en Ciudad del Cabo.
La oficina del presidente, donde Nelson Mandela y Francois Pienaar encuentran por primera vez, fue rodada en las oficinas de Union Buildings, sede del gobierno en la ciudad de Pretoria. Fue la primera vez que se filmaba allí.





 

2 comentarios:

  1. Nutridísimo post! acabo de verla, y es como bien dices: una bien lograda película!

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  2. Cierto, muy lograda, aunque ¿Te has fijado en la diferencia de estatura que hay entre los verdaderos Mandela y Pienaar, en la portada del libro, y los actores?

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