sábado, 25 de junio de 2011

Señores bajitos de largas barbas blancas; El doctor Cataplasma de Martz Schmidt





Recuerdo que, mediados los años 70, ante mis ojos de niño lector de tebeos se presentaba una peculiaridad en los de Bruguera que me llamaba poderosamente la atención. Me daba la sensación de que había historietas que las protagonizaban unos hermanos idénticos entre sí, o que era el mismo personaje cambiando el nombre y la profesión. Ambos eran bajitos y tenían largas barbas blancas. Sí, claro, me estoy refiriendo al Doctor Cataplasma y al Profesor Tragacanto. Debido a que mis padres decidían no invertir demasiado dinero de sus bien ganados, aunque exiguos,  recursos monetarios en mis aficiones tebeíles, tampoco tenía tantos datos como para salir de mi error. No fue sino más adelante que descubrí que el galeno y el docente tenían un tercer doble, un sheriff que vivía en el oeste americano, lo que le situaba bastantes años más atrás y en otro continente: El Sheriff Chiquito. Aunque sí que llegué a pensar que el doctor Cataplasma podía ser descendiente del Sheriff, pues el hecho de contar con los servicios de una mucama de color no era algo que se diera por estas latitudes, y si en aquellas, como me habían mostrado películas como “Lo que el viento se llevó”.
El colmo fue cuando relacioné a un personajillo que protagonizaba unas historietas de media plancha que parecía otro familiar, con la diferencia de que esta vez la barba del susodicho no había encanecido, y era negra. Además, se llamaba como una canción de Boney M que sonaba bastante por la época, Rasputín, que era malo y era ruin… Y el descubrir al más antiguo antepasado de todos ellos, también con barba negra, ya me hizo tirar la toalla: Troglodito.
Afortunadamente no les relacioné con otro bajito del mismo dibujante, ya que en este caso, sus barbas brillaban por su ausencia: Sófocles. Y para nada con Don Prudencio o Don Usurio, que por entonces no tenía el gusto, ni con Insegurini, que aún no había sido creado. Aún así, un buen día me pregunté: ¿Por qué este señor de otro país que dibuja para los tebeos de Bruguera sólo hace personajes bajitos y con barba (excepto Sófocles)?
Cuando descubrí que Gustavo Martz-Schmidt no era de otro país, sino que además de ser español era de Cartagena (Murcia) ya existían Camelio Majareto y Deliranta Rococó, que ya no eran señores bajitos con barba (aunque Deliranta tenía un mayordomo bajito, Braulio, que por ser tan bajito, era un “menordomo”). Pero mi pregunta persistía. ¿Por qué antes de Camelio Majareto y Deliranta Rococó, Schmidt sólo dibujaba señores bajitos con barba (excepto Sófocles y demás mencionados)?
Actualmente a alguna conclusión he llegado. Pero vayamos por partes. Y que mejor forma que empezar por el principio.
Gustavo Martínez Gómez nace en Santa Lucía, de Cartagena, el 3 de Julio de 1922. Se matriculó en la Universidad de Murcia para estudiar la carrera de arquitectura. Pronto abandonó este empeño, encaminando sus pasos hacia las Bellas Artes. A la temprana edad de 18 años ilustra el libro de poemas Retazos del General Oscar Nevado, quien le sugirió que adoptase un nombre artístico, más apropiado que sus apellidos comunes. Es entonces cuando adoptaría su conocido apodo, nacido del apocope de Martinez y añadiendo el apellido alemán de su abuelo.
Siendo autodidacta, perfeccionó su oficio con su paisano, el pintor Vicente Ros, con el pintor valenciano Jose Segrelles, y como ilustrador y humorista en la prensa regional, pero fue en labores pictóricas, participando en diversas exposiciones colectivas y concursos, donde ganó algunos premios que le alentaron para marchar a Barcelona. Su trayectoria profesional es extraordinariamente rica y compleja, pues al margen de la historieta se ha movido con envidiable soltura en otros campos, como la pintura, la escenografía, el cartel o el diseño gráfico. Pero es sin duda la historieta su medio de expresión por excelencia y el que aquí nos interesa más profundamente.
Suspendido en la asignatura de Dibujo del 7º Curso de Bachillerato, por contraste, llevaba como bagaje un desmadre de premios: Primer Premio de Dibujo de Santa Lucia (año 1944), Premio Extraordinario del Ayuntamiento de Cartagena por su obra "La Torre de Babel" (Exposición de Arte, 1945), Primer Premio de Pintura al Oleo (Regimiento "Sevilla" de Infantería de Línea, 1946), Primer Premio/Sello Publicitario de Murcia (1947), o el Primer Premio de Pintura Mural para la decoración de la Capilla del Pilar de Santa María la Nueva (cúpula "Ad Astra", 1948).
Además contaba con cierta experiencia profesional,  pues en  1945, ilustra junto a otros autores el libro Genio y Signo por la Rosa de los Vientos, de Bozal Casado, y dos años más tarde la novela del mismo autor El toro de Viandar.

En 1949 se trasladó pues a Barcelona, donde anduvo de empleo en empleo, incluyendo trabajos para un estudio de animación, y realizó historietas para la Editorial Clíper (hoy Plaza y Janes), en  los semanarios "Nicolás", "Florita", "Festival” y "Pinocho", revista ésta última que Schmidt realizaba casi íntegra. Para "Nicolás “creó personajes como Toribio, Los Mellizos, el Doctor Cascarrabias y Copacapabana en 1948 y Douglas, El Gatito y Las aventuras de Mará Rosa y Lilí y Loló en 1949.





 
"Pinocho" me introdujo en los Estudios Cinematográficos "Balet y Blay" y me permitió conocer en Madrid al colosal Walt Disney. Hice la publicidad mural y de prensa de las películas "Yanqui Dandy" de James Gagney, "Dodge, ciudad sin ley" de Errol Flynn y Olivia de Havilland, y "Alegres vacaciones" de mi colega Moreno. Quedé satisfecho dejando "Pinocho" en las manos maestras de Raf. Balet y Blay me proporcionó la oportunidad de honrarme con una amiga de excepción, María Félix —la mujer más hermosa del mundo—, famosa por ella misma y por ser luego esposa de Jorge Negrete. María tenía un gran sentido del humor. Recuerdo aquel día que llegué a una reunión y la oí preguntar: —"¿Quién es ese?". Le respondieron: -"Schmidt". Y dijo con su voz tremendamente profunda: — "¡Ah! ¿Así que es MIT? ¡Yo lo conozco por Gustavo!".



Tras un breve paso por Hispano-Americana de Ediciones y en diversos suplementos infantiles de los periódicos La Prensa y Paseo Infantil, se integra en las filas de la editorial Bruguera donde crea su primer personaje para la editorial: Don Usurio, en 1950 en las páginas de Pulgarcito. Don Usurio se caracterizaba por  su tacañería y su codicia en grandes dosis y su aspecto era larguirucho y espigado con rasgos afilados. Su estilo de dibujo humorístico era anguloso, cortante y visceral, influencia del neoyorquino Peter Amo; Schmidt ilustraba  entonces   el   libro “Los ángulos de la selva" del catedrático Sr. Cuadrado.

 
EL MISTERIO DE MAS ESPARCH
 
Paco Cohete, investigador zoquete, serie de 1959 para el "Cadete". Martz Schmidt firma como "Mas Esparch".Schmidt había empezado a trabajar en Bruguera a principios de los 50 y alternaba sus trabajos en esta editorial con otros para Cliper y otras ("Toribio", "Anastasia Cazuela", etc.) a mediados de esa década. ¿Por qué, entonces el pseudónimo si no tenía exclusividad con nadie, al contrario que otros que habían firmado contrato?
Otro "Esparch". "Haciendo El Indio" era una serie de Ibáñez para "La Risa" Debajo podemos ver un ejemplo de una página firmada por el. ¿Quién era Mas Esparch? Porque en el caso de Paco Cohete si que está claro que es Schmidt. Si os fijais, en esta de "Haciendo el Indio" sólo se firma como Esparch. ¿Sería Ibáñez? ¿El Mas añadido al Esparch de Paco Cohete era para dejar entredicho que era Martz Scmidt? ¿Era Esparch sin Mas, un dibujante imitador de estilos? ¿Era un pseudónimo de emergencia utilizado por razones ignotas?


“En Bruguera hallé la norma estricta y eficaz que permitirían dar forma a mi propia personalidad en el "comic", y esta transformación estuvo basada en la orientación de Rafael González. Su minuciosa observación frente a mis originales, "redondee por aquí, redondee por allí”, era como una severa disección microscópica que no me dejaba respirar. Se convirtió en una obsesión para mí: yo veía "redondo" el Metro Transversal, veía "redonda" la rectangular Plaza Urquínaona y hasta veía más "redondo" que un duro al Sr. Cuadrado”.


Una vez más, Rafael González llevaba las riendas en cuanto a las directrices a seguir. Don Usurio fue redondeando y suavizando su aspecto al tiempo que menguaba. Su carácter también se fue dulcificando, pasando de ser un trasunto de Doña Urraca de la tacañería y la mezquindad a un émulo algo cicatero de Ofelio, por utilizar analogías con un dibujante de extremos como fue Jorge. 


En 1951 nació Don Danubio, (personaje influyente), en el DDT, que como le ocurrió a Don Usurio sufrió una metamorfosis que le deparó un sinfín de cambios a lo largo de su corta existencia, si se me permite la contradictoria expresión. Don Danubio llevaba chistera, como más adelante la llevaría el más célebre de los personajes Schmidtianos, al menos en sus comienzos.
Y es que la encarnación definitiva de las directrices de Rafael González tomó forma finalmente en 1953. En ese año Schmidt ofrece al mundo al primero de sus personajes arquetípicos, y al más clásico de ellos: El Doctor Cataplasma.

El pequeño médico de larga blanca es todo un clásico de la historieta española, y es el primero de los hombrecitos barbados con los que Schmidt inundó las revistas de Bruguera, como volviendo siempre a sus orígenes “modificados”, o al menos, a unos orígenes que no solo parecían tener éxito, sino que contaban con el beneplácito de Rafael González. Con Cataplasma tenemos una vez más la fórmula del personaje chiquitín con un personaje grandote como contrapunto. En este caso, el contrapunto es rollizo y de color. De color negro. Panchita. No se podía conseguir algo tan contrapuesto. De hecho, a partir de entonces, Schmidt repitió esquema, y a un hombrecito de largas barbas (blancas o negras) contraponía un personaje que abultaba mucho más, y cuyos caracteres entraban en conflicto. Pero no vamos a adelantar acontecimientos, porque aquí nos vamos a centrar principalmente en el doctorcito.
Cataplasma comienza su andadura en 1953, en el nº 1138 de la revista Pulgarcito, aunque posteriormente, como toda serie de éxito, se publicaba y re-publicaba en cualquiera de las revistas de la editorial. 






Cataplasma parece estar inspirado inicialmente en un personaje llamado John que salía en “The katzenjammer kids”, un clásico de la prensa norteamericana de principios del siglo XX creado por Rudolph Dirks y continuado por Harold Knerr. Este John era un inspector, camarada de armas del capitán y a menudo también víctima de los niños terribles. Aquí en este punto supongo que seré corregido por El Muxhaxho, pero vamos allá. Katzenjammer es un vocablo alemán que significa literalmente (espero) “el lamento del gato”, haciendo referencia a su sonido discordante, y sería este precisamente su significado. A veces se usa para indicar un estado general de depresión o confusión o en referencia a una resaca. Y su creador era un inmigrante alemán. Teniendo en cuenta que sus protagonistas eran dos niños bastante traviesos, lo del lamento del gato cobra más sentido. No estamos hablando de los grandes clásicos del cómic americano, aunque se trate de una de las series que marcaron lo que sería el inicio del autodenominado (ya que solo la gente del cómic lo dice, que tragedia) 9º Arte. Aunque sí que hay que reseñar que los hermanos Zipi y Zape empezaron sus correrías inspirados por os hermanos de esta serie. Inspirando a Escobar, se entiende. Aunque Dirks se inspiró en unas tiras cómicas muy populares en su país de origen, Max und Fritz. Pero que Dirks fuera el primer dibújate del mundo en utilizar ese recurso que tan natural nos parece ahora para indicar que un personaje está hablando, no se lo quita nadie: El bocadillo, globo, balloon…


Como podéis ver, la similitud se limita a la barba y a esos pelillos que salen de la chistera, de gran tamaño, que en el caso de El Dr. Cataplasma varía mucho, sobre todo al principio.
No me resisto a comparar también a Panchita, con la mucama más famosa de la historia del cine: Hattie McDaniel y su Mammy clamando por la “Señorita Esca´lata ”. Por cierto, que la actriz afroamericana, la primera de su raza en ganar un Oscar (por mejor actriz de reparto), tiene dos estrellas en el Paseo de la Fama; una por actriz y otra por cantante.

Panchita, el personaje secundario más popular de Martz Schmidt y, posiblemente, uno de los más queridos del tebeo de humor español, la criada negra al servicio del Doctor Cataplasma. En 1984, en una entrevista que Manuel E. Darias le hizo al historietista, éste contó lo siguiente:" La noche de San Juan en Alicante, el 24 de junio de 1982, fui invitado por la Comisió de la Foguere de la Plaza Calvo Sotelo, a asistir a la cremá de la falla erigida en honor de mi Doctor Cataplasma, obra monumental que llevaba el título de "Los sueños del artista para con los niños". Cuando empezaron a arder los ninots y, entre ellos, Cataplasma en talla central, una niña del público gritó: "No han puesto a Panchita, que es la que más me gusta! ;Me alegro que no arda mi negra!"

Varios antecedentes de Panchita






La relación entre Panchita y Cataplasma se basa en la contraposición de caracteres. Además, tienen un extraño vínculo que se repite en casi todas las series de Bruguera en las que interviene una dupla que incluye a algún empleado doméstico. Ocurre con Patson y Sir Tim, con Pascual, con Petra y doña Patro, con Rigoberto y… Viven juntos, tienen una relación casi familiar y el empleado jamás cobra y permanece fiel a su patrón a pesar de esta circunstancia, lo que no impide que periódicamente reivindique su derecho salarial. El ámbito en el que desarrollaban estas historietas era siempre el doméstico. Este ambiente difiere del grueso de las producciones bruguéricas de la época en su profundidad.  Acostumbrados a que el “decorado” de las vicisitudes de los personajes sea eso precisamente, un decorado, en muchas ocasiones como si tras la acción que protagonizan los Don Pío o Cebolleta (a los que adornan muchas cualidades, pero no esta) hubiera un telón, en las historietas de Schmidt en general, y de Cataplasma en particular los fondos tienen fondo. Tienen profundidad. El suelo no es una línea recta o la parte inferior de la viñeta. Y además utiliza la profundidad de campo para crear atmósfera. Esto que debería ser lógico y nada digno de mención en la obra de un dibujante profesional tiene su relevancia por lo innovador que resulta verlo en producciones de la editorial Bruguera. Y mucho tendrá que ver el que Schmidt hiciera sus cositas en el campo de la escenografía como veremos en un rato. Salvo excepciones, no habría ningún dibujante que diera ese protagonismo a los “decorados” hasta la llegada de Raf.

Las historietas de Cataplasma eran auto conclusivas al más típico estilo brugueriano, con su presentación, nudo y desenlace basado casi siempre en el chasco o la confusión. Aparte de estos dos personajes destacaba como secundario la señora Eduvina Millonetis, la principal fuente de ingresos del doctor, quien no dudaba en “prolongar” la duración de la enfermedad de su rica paciente con tal de seguir cobrando, así como seguirle la corriente y estar al tanto de cualquiera de sus caprichos. Siendo Schmidt un dibujante de arquetipos, como vemos con este primigenio Cataplasma, la Señora Millonetis también tiene sus “dobles” en otros lugares de la obra del dibujante murciano.
Varios "dobles" de la Millonetis

En esta primera época de Cataplasma, el nuevo estilo de Schmidt “recomendado” por el señor González se combina con unos guiones que tienen como base el humor absurdo filtrado por el tamiz brugueriano. En 1959 crearía a su segundo señor barbado y bajito, El profesor Tragacanto, y su clase que es de espanto. Otras creaciones que coinciden entre esta primera época y una serie de esporádicas colaboraciones con Bruguera que alternó con un progresivo pero no definitivo alejamiento de la editorial fueron Troglodito y Rasputín(1957) personajes bajitos pero con barbas negras, La pandilla Cu-Cux Plaf (1962) una de sus obras maestras, El Sheriff Chiquito, que es todo un gallito (1962), de la “familia” de Tragacanto y Cataplasma o Don Trilita (1964) de los que nos ocuparemos más adelante en otros posts. Además de Polvorilla, o Pepe KO.
Otra faceta de la complejidad profesional de Schmidt es su inserción en otros terrenos artísticos más elaborados y selectivos, como son la pintura mural y la decoración teatral. Discípulo de Farré, estudió en su cátedra de Procedimientos de la Escuela de Bellas Artes San Jorge, de Barcelona, y es autor de los proyectos y mu­rales "Sinphonie" de Villa Izábal (Salou), "Ad Astra" de Santa María la Nueva (Carta­gena), "San Jorge" de la capi­lla Merry del Val (Madrid), "Angeles de la Muerte" del Castillo de Piedrafita (Triacas-tela), "Árbol del Bien y del Mal" de Mar Azul (Alicante) y otros. En el plano teatral, en Barcelona, ha decorado las tra­ducciones al catalán de Josep María de Segarra sobre las obras   de   Shakespeare   ("La Tempestad", "Alegres Coma­dres de Windsor" y "Julio Ce­sar"): "Avui com ahir" de Cumellas —Premio Nacional de Teatro, 1953- y "La Ciutat Sumergida" de Scroeder, todas para el Teatro Romea. El "Carnaval" de Schuman para los Ballets de Juan Tena (Tea­tro Calderón) y "El mandarín Prodigioso" de Bartok para los del Marqués de Cuevas (Montecarlo).
—El gran bocetaje, a escala media, de los muros de "La Ciutat" yo los tenía montados en mi estudio. Por aquel tiempo pintaba un retrato a la "vedette" de la Bodega Bohemia Mary Alda. Todos la recordamos seca como un palo; terminada la sesión, Mary quiso descansar sentándose en una silla y recostándose sobre aquellos "muros", que no eran más que papeles brochados a la cola. Toda "La Ciutat" se desplomó sobre ella y de entre los escombros asomó la desmochada cabeza, exclamando muy asustada:—"Jolines, creía que era un"tibique"!".
Toda esta labor de años se produjo en el Palacio de Solferino de la Calle Archs, en el Barrio Gótico, donde Schmidt tenía su estudio de trabajo. Allí, Schmidt inició un movimiento artístico y cultural significativamente barcelonés -"La Buhardilla” en 1954 que reunía a buena parte de los intelectuales catalanes de mediados de los cincuenta. Estas actividades culminaron a principios de los sesenta con la creación del ·”Martz Schmidt Studio”, una empresa de diseño y publicidad que llegó a contar con más de cincuenta empleados y que obtuvo varios premios entre los que destaca el premio Unicef de Cartelismo.
—Eran tiempos en los que Picasso había sido galardonado con el Premio Lenin —nos cuenta Schmidt— y esas reuniones de intelectuales y artistas, aún sin política de por medio, eran miradas con matización. Concretamente, la noche del 23 de Diciembre de 1954, en que la gran Espert interpretaba el monólogo de O'Neill frente a un cualificado auditorio de 200 personas, irrumpió la autoridad competente y hubimos de desalojar el local. Lo anecdótico del suceso es que allí estaban, en plan profesional, Pujol de "La Vanguardia", Ortega de Radio Nacional de España,   Conchita  Velázquez, mezzo-soprano del Metropolitan Opera House de Nueva York y el Conde de Palmira —un plantel de derechas de toda la vida—, los cuales estuvieron a punto de dormir a la sombra, ¡por bolcheviques!.



Schmidt amplió su colaboración en Selecciones Ilustradas y en Bardon-Art, con lo que sus dibujos aparecieron en 1963 en Europa: en Toonder Studio's de Amsterdam (con "Space-Girls"), en Fleetway de Londres (con las series semanales "Johnny all alone", "Terror in Tournado Street", "Brain Drayne" y "Mickey Mimic"), en la Thomson and Leng de Escocia (con "Val's voices" y "General Jim"), y en Classic's International de Estocolmo (con veinte títulos en "bood's", portadas y más de mil ilustraciones de cuentos a todo color). Esta entidad sueca negoció la publicación de tales efectivos en EEUU y la URSS. 


Para Fleetway (IPC) hizo "Terror in Tournado Street" que se publicó en Tio Vivo como La Pandilla Terremoto


Que también se tituló La Pandilla de Berenjena Street en Din Dan...
En esta etapa en que Schmidt se alejó de Bruguera, sus personajes más populares (Cataplasma y Tragacanto), propiedad de la editorial como todo lo que allí se hacía, fueron chimpaizados principalmente por dibujantes como Torá.






En 1970, cansado de tan agobiante ritmo de trabajo, abandona la Ciudad Condal y se refugia en Alicante para recalar finalmente en Elche. En esta etapa de su existencia, ya con más tranquilidad, realizaría sus mejores creaciones, depurando al máximo su estilo, y poniendo al día su modo de hacer, siempre ejemplar y brillante, que lo elevaría definitivamente a los altares del tebeo español de humor.
Al regreso de Schmidt a Bruguera a principios de los 70, además de crear a Camelio Majareto y a deliranta rococó,  siguió con las historietas de Cataplasma, que además llegó a tener revista propia entre 1978 y 1981. Super Cataplasma fue el último de los tebeos de Bruguera que utilizó el prefijo "super",  y uno de los más efímeros junto a "Super Carpanta" (1977-1981).


Tras su experiencia internacional y el trabajo que desarrolló en su agencia de publicidad, el estilo de Schmidt ha sufrido una transformación que le han llevado del preciosismo y simplicidad “redondeada” insuflada por Rafael González, a un barroquismo en ocasiones lindante con… lo rococó. Por otro lado, es por entonces que se le encomienda el dibujo del mítico personaje de Jorge, Doña Urraca, al que dota de un peculiar goticismo y de un estilo inconfundible que le convierte en el primer Chimpa de Bruguera que no sólo no es chimpa, sino que se adueña del personaje chimpaizado haciéndolo propio. Con este personaje creó otra de sus obras maestras, “Doña Urraca en el Castillo de Nosferatu”.También hablaremos de esto más adelante, así como de Cleopatra, Insegurini o El Mago Oscuro.


El estilo de Cataplasma, el único de sus personajes clásicos que será dibujado por Schmidt a lo largo de toda su carrera bruguérica, también se ve imbuido de este cambio de estilo. Las historietas ahora son más largas y los argumentos y los personajes más complejos, tendiendo en ocasiones a un surrealismo ¿Barroco? Las apariciones de la señora Millonetis son ahora más suntuosas, lo que Schmidt desarrollará con más plenitud en Deliranta Rococó.





Invitada estelar...


En 1987, la revista "NPI el tebeo cartagenero" publicó un número especial dedicado a Martz Schmidt. En esta publicación, el creador de Carpanta y Zipi y Zape, José Escobar, escribió la siguiente y autorizada alabanza sobre su compañero de profesión:
"Amigo Gustavo, te tengo envidia. Así de claro. Pero mi envidia no la interpretes como pasión traidora por tus éxitos, sino como una noble lucha conmigo mismo para emularte. Te envidio, tanto por tus guiones, como por tus personajes, ya sean principales como secundarios. Te envidio por la originalidad de tu trazo, movimiento y expresividad. Te envidio cada una de tus viñetas por su composición y sentido de la decoración, dando a cada cual lo suyo, consiguiendo así que lo secundario no se interfiera en lo principal y dosificando a la perfección los espacios blancos. Envidio tu originalidad en el vestuario, enseres y objetos diversos y tus conocimientos de perspectiva. En resumen, eres un maestro en este difícil y baqueteado arte de la historieta. Amigo Gustavo, tienes en mí un envidioso completo y contumaz."
Queda mucho por ver de la obra de Schmidt. Tanto que, como con el resto de los grandes de Bruguera, tendremos que emplazaros a futuros posts.
La obra de Schmidt  ha merecido numerosos premios, entre los que podemos destacar el “Historieta” del Diario de Avisos, la medalla de bronce en la Graphispack de Barcelona o la medalla Laureada Cantonal ofrecida en el transcurso de un homenaje en su ciudad natal, pero el mayor reconocimiento hacia su obra ha sido sin duda el del público.
Esos señores bajitos de largas barbas forman parte del imaginario colectivo de más de una generación que tuvo la suerte de crecer leyendo de vez en cuando un tebeo de Bruguera, y no estaría de más recuperar, no solo a estos personajes, sino al gran fondo gráfico de la editorial para las actuales y las futuras. Para algo bueno que podríamos compartir…












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