domingo, 12 de junio de 2011

Cosas de Familia y mujeres fatales: Gilda, las Hermanas Gilda y un montón de cosas más

Nunca hubo una mujer como Gilda, pero al menos hubo otras dos...

En 1946 se estrenaba la mítica película dirigida por el húngaro Charles Vidor y protagonizada por Glenn Ford, Rita Hayworth, George MacReady y Joseph Calleia. Su argumento trataba sobre las relaciones de amor-odio entre un aventurero vividor interpretado  por un joven Glenn Ford (Johnny Farrell), un millonario tramposo y dueño de un casino (Ballin Mundson) interpretado por George Macready y Gilda, Rita Hayworth, una mujer fatal cuya belleza pondría en jaque a cualquier hombre que se preciara de tal, y a los que no. Sin lugar a dudas uno de los momentos míticos de esta obra sería ver a una Rita Hayworth contoneándose y quitándose sensualmente un guante mientras canta "Put The Blame On Mame", toda una escena que no escaparía del escándalo por parte de la censura, especialmente en España, donde la Iglesia Católica la tachó de película "peligrosa". La simbología de los guantes en la mentalidad freudiana (son símbolos del deseo sexual), unida al malévolo rumor que decía que en otros países Rita Hayworth hacía un desnudo integral, y que la censura española había cortado, dieron a esta escena las suficientes cantidades de morbo como para que permaneciera en la retina de los espectadores como una de las más eróticas del cine. A todo esto hay que sumarle el título de la canción, que traducido significa, “Échale la culpa a Mame”. La tal Mame era una actriz y cantante francesa famosa por quitarse la ropa al final de cada actuación. La célebre canción está por lo tanto, muy pensada para esa escena de la película.

El “Boletín Oficial del Arzobispado” publicó el siguiente decreto declarando gravemente inmoral y escandalosa la película:

LA PELÍCULA “GILDA” NO PUEDE SER PROYECTADA Y QUEDA PROHIBIDA PARA TODO CATÓLICO.
Habiendo tenido noticia, con profundo dolor de Nuestra Alma, de que en varios cines, así de la capital como de los pueblos de la archidiócesis, se proyecta de vez en cuando la película denominada “Gilda”, no obstante la calificación de la censura diocesana “No debe verse” y la expresa y terminante prohibición de varios Prelados españoles, declaramos y advertimos a nuestros amadísimos diocesanos que la referida película es gravemente inmoral y escandalosa, como quiera que en su desarrollo y en su desenlace conculca abiertamente las normas fundamentales de la moral cristiana.
Consiguientemente, por derecho natural y eclesiástico, ha de tenerse por ilícita y prohibida para todo católico, advirtiendo que ni los empresarios podrán proyectarla, ni los periodista y locutores propagarla o recomendarla, ni los fieles en general presenciarla, sin onerar su conciencia con culpa grave; y que a los obstinados y contumaces deberán los confesores negarles la absolución.
Sin que obste ni pueda alegarse en contrario cualquier otro juicio, censura o recomendación.
Dado en Granada a diez de Noviembre de 1949.
Balbino, Arzobispo de Granada.
Los señores párrocos y consiliarios de Acción Católica deben dar a conocer este decreto a los fieles.


Y una publicación de un grupo de “universitarios católicos y españoles”:
Aparte de estar argumentada sobre un tema policíaco evidentemente crudo, la actuación de la primera actriz Rita Hayworth constituye, en nuestro sentir, la más descarnada muestra de inmoralidad proyectada desde el 1 de abril de 1939 en las pantallas españolas. La sensualidad, los movimientos, los trajes, las frases, las escenas, las incitaciones, en suma, a los más bajos instintos suponen en sí un rotundo pecado de escándalo y un ataque clarísimo contra las más elementales normas cristianas, entre las que el 6º Mandamiento de la Ley de Dios también condena los pecados del deseo y el 9º prohíbe, específicamente, anhelar a la mujer del prójimo. Gilda, prostituta internacional de las de refinada especie, ve, al final de su actuación, premiada su vida anterior con el cariño del hombre amado. Esto y mucho más imposible de resumir en unas líneas, no puede ser tolerado por la moral católica.
Todo lo expuesto produce en el público que llena diariamente el local ( el cine Palacio de la Música, en la Gran Vía madrileña) y producirá, si no se evita, el que de ahora en adelante lo llene, en todas las ciudades y pueblos de España, una reacción de desenfreno y de liberación pasional cuyas consecuencias, además de suponer un pecado individual para gran parte de los espectadores, en su mayoría varones de todas la edades, tienen inevitables consecuencias sociales porque introduce en nuestra patria la conciencia de normalidad para conductas paganas y amorales en las que toda de Dios y todo sentido del pecado están excluidas. Además, pues, de las razones morales enumeradas, una razón nacional de conservación de la moral colectiva exige que sean tomadas medidas implacables.


Tendríamos que haber vivido las consecuencias a nivel nacional, en un país gobernado por una dictadura católica y fascista,  que tuvo el estreno y visionado de esta película, para llegar a comprender el alcance de este fenómeno. Cuentan que en un bar con espectáculo de Granada se repartieron porrazos con porra por parte de la policía a diestro y siniestro cuando la cantante comenzó a entonar el “Amado mío”, otra de las canciones míticas de la cinta (y que no cantaba Rita Hayworth, sino Anita Ellis), y que a toda mujer exuberante se la comenzó a llamar como al personaje interpretado por Margarita Carmen Cansino; “Es toda una Gilda” se decía. Se impuso la moda del escote sin hombros y los zapatos de tiras cruzadas en el tobillo, y la efigie de Rita Hayworth se publicaba, recortaba, reproducía y colgaba por doquier. Gilda, realmente, es una película menor, de bajo presupuesto, y tampoco posee ningún valor cinematográfico excepcional para que se haya convertido en el clásico que es. Son más bien sus circunstancias y todo lo que significó lo que la han convertido en mítica.
Curiosamente, ahora no sería aquello que despertó las iras celestiales de unos y la libido infernal de otros lo que sería motivo de escándalo. Hay una escena que sobresale de la película, especialmente cuando se habla de Glenn Ford. La bofetada. Eso no lo haría un héroe hoy en día.



Pero no hemos venido aquí a hablar de Gilda…

 -Pues cualquiera lo diría, tras 1000 palabras escritas hablando de ella,  y alguna que otra fotografía.

No hemos venido a hablar sólo de Gilda. Lo que no se suele contar de esta película es otro de sus efectos. Y si combinamos Gilda con la lista de los Reyes Godos que todo escolar español debía aprenderse de memoria en aquellos días y la fértil, a la par que rebelde e irreverente imaginación y creatividad de un joven madrileño de 18 años, corriendo el año 1949, obtendremos aquello de lo que vamos a hablar. 
Con apenas 18 años, Manuel Vázquez Gallego llevaba ya uno dibujando para la revista Pulgarcito, logrando cierta notoriedad, tras haber mentido sobre su edad real para que se le admitiera en la editorial, en 1948. Era la segunda vez que llegaba a Barcelona, pues cuenta que ya estuvo allí a los 9 años, tras escapar de su casa, adonde le llevaron de regreso poco menos que de las orejas. Conociendo la leyenda de Vázquez y habiéndole oído hablar y contar historias, es posible que esto sea un cuento chino, pues entonces era el año 1939, recién acabada la Guerra Civil Española, y ya me diréis que pintaba un niño de tan tierna edad viajando de Madrid a Barcelona, por muy Vázquez que fuera. Antes de llegar allí, digamos que por segunda vez, Vázquez ya llevaba desde los 12 años, según cuenta, haciendo sus pinitos por Madrid, hasta que decidió que debía trabajar en la editorial más importante, la cual, a la sazón, resultaba ser Bruguera. Les envió unos dibujitos que le fueron devueltos con comentarios tipo “no está lo suficientemente maduro pero promete” o “tiene que pulir algo más el trazo”. Entonces dejó esperar un tiempo, en el  que los dibujos estuvieron circulando por otras editoriales, como la Editorial Valenciana,  y los volvió a enviar a Bruguera. Esta vez le contestaron que era de lo mejor que habían visto en mucho tiempo y le hicieron un hueco al lado de los 5 grandes y compañía.

Allí comenzaba la leyenda, con la primera “colada” a la editorial. (La segunda fue mentir sobre su edad). Todavía me sigue ocurriendo. De vez en cuando, en Bruguera me cogen una historieta y me dicen: "Hombre, parece mentira que haga usted esto, con los años que lleva dibujando, las figuras están deprisa, mal. Mire, corríjame esto y esto". Entonces yo me voy, me tomo un café, dejo pasar un poco de tiempo y vuelvo con la misma historieta. "¿Lo ve? Esto es bueno. Si cuando quiere trabaja bien". (Entrevista en 1977 en Diario de avisos por Manuel E. Darias, el bastión del tebeo en la prensa española)
Trabajó en un principio dibujando chistes, por correspondencia, desde Madrid, y con esporádicos viajes a Barcelona teniéndose que costear el alojamiento, quien sabe si al inimitable estilo Vázquez. Finalmente acabó instalándose en Barcelona. 

En 1946 aparece un tebeíllo titulado Macana en el Oeste, publicado por Hispanoamericana de Ediciones S.A., editorial que radicaba en Barcelona, por lo que se supone que envió esas páginas a la Ciudad Condal antes de volver a personarse en ella rumbo a Bruguera. En 1947 se publican en la misma editorial otro cuadernillo de una colección de 4 monográficos; “La Fuga del Caiman” es el título del que hizo Vázquez. También hizo sus pinitos en la revista Flechas y Pelayos en Madrid.
 Durante el primer año en Bruguera creó a Heliodoro Hipotenuso (en el nº 40 de Pulgarcito) y otros personajes:
Mofeta,(1948) su primer personaje para Bruguera, publicado en el Pulgarcito nº 29, salió también en los números 35,36, 60, 61, 62, 64 y 68.
Jimmy Pintamonas (1948) en Pulgarcito nº 34,  sólo salió esta historieta.
Servulio Argamasa (1948) en Pulgarcito nº 37, sólo salió esta historieta.
Gildo (1948) en Pulgarcito nº 38-¿un precursor con el nombre parecido con la misma inspiración?
 Loli (Pulgarcito nº 38 de 1948), salió también en los números 42 y 54.
La mansión de los espectros (supuestamente se empieza a serializar en el Pulgarcito nº 39 de 1948 y se prolongó durante los números 41, 42, 43, 44, 45, 46, 49, 50 y 51), 

El caserón diabólico (Pulgarcito nº 44 de 1948), se serializó durante los números 45 y 46.


Anacleto Pandehigo (Pulgarcito nº 51 de 1948), sólo salió esta historieta
Nicomedes Nibebedes (Pulgarcito nº 51 de 1948), sólo salió esta historieta.
Fierrito, el Gaucho (Pulgarcito nº 54 de 1948), sólo salió esta historieta.
Spoleta (Pulgarcito nº 58 de 1948), 
Mr. Lucky; el cual ya había dibujado para Flechas y Pelayos;  la primera historieta de este personaje para Pulgarcito se publica en el nº 58 de 1948 y salió también en los números 59, 72, 84 y 85.
 Septimio Canalete (Pulgarcito nº 63 de 1948), salió también en los números 66 y 69
Don Venancio (Pulgarcito nº 77 de 1949), sólo salió esta historieta.
Posiblemente Vázquez fue el creador de personajes más fértil de la historieta española (dicen que más de 60), así como uno de sus más grandes creadores, todo un genio… y figura. Ya comenzaba a mostrar por entonces una comicidad vertiginosa, muy propia del cine mudo cómico, capacidad para contar historias con los dibujos, no sólo con el guión ilustrado y un tipo de comicidad del absurdo y de destrucción de la lógica muy parecida al que se estilaba en la revista La Codorniz. No en vano, su padre era amigo de Jardiel Poncela y Wenceslao Fernández Flórez. Llama la atención que muchas de las historietas de Heliodoro se publicasen en la portada, algo inaudito para alguien tan joven y neófito, ya que se supone que es la portada la que sirve de anzuelo para pescar a lector. Posiblemente era porque el auténtico gancho era que la revista era nada menos que el “Pulgarcito”, porque lo lógico hubiera sido tener perennemente en portada a los dibujantes más carismáticos y exitosos, como Peñarroya, Escobar o Cifré. Por otro lado, la portada estaba ocupada en parte por la cabecera, lo que limitaba el espacio en el que el dibujante podía explayarse en su creación, y por consiguiente, era menos espacio disponible para los personajes punteros.

Como ya he mencionado en alguna ocasión, la norma de la casa era que todos los dibujantes…”menores” dibujaran, o trataran de hacerlo, con el estilo de los más consagrados y exitosos.  En este caso, Heliodoro Hipotenuso guarda gran parecido con Calixto, de Peñarroya. Es un personaje solterón, en la tradición costumbrista de la escuela bruguera imperante en aquellos momentos, un tipo despistado que se mete en problemas, con el eterno sino desesperanzador de los personajes de la casa. Dejó de dibujarse a principios de los 50 y fue el primer personaje popular de Vázquez, antes de la llegada de las Hermanas Gilda.
Llega 1949 y aparecen Las Hermanas Gilda en la portada del nº 96 de la revista Pulgarcito, según manifestó en diversas entrevistas, inspiradas por la película de Charles Vidor.


No voy a dejar de mencionar los logros con respecto a la radiografía social, el testimonio de la época, la decadencia de la serie desde que la censura metió la mano; todo eso a su tiempo. Pero notareis mientras lo hago que no estoy en absoluto de acuerdo. Esto es lo que dicen algunos estudiosos, supongo que pretendiendo dignificar un medio tan depauperado en España, que por “tradición” es una cosa para niños a la que no hay que dar más importancia que la que tenga un   yo-yo o un soldadito de plástico (o una Playstation3, porque le das el yoyo o el soldadito a un niño de ahora y te los escupe a la cara). Para dignificar obras que no necesitarían en un entorno normalizado tal dignificación al responder por ellas mismas, se trata de realzar un aporte documental y testimonial de una época, al tiempo que se las infiere una crítica implícita, y bla, bla, bla…  No voy a negar que esto esté ahí, pues cada creación supone un reflejo de su creador y de las circunstancias en las que fue creada, y si se ve en una historieta de los años 50 de las Hermanas Gilda un retrato de la sociedad y una crítica a la misma, pues por algo será.




Según Terenci Moix, “Las hermanas Gilda mereció el calificativo de óptimo durante los diez primeros años de su existencia, y el dibujo -al principio basado en una forma grosera de la caricatura- se fue afirmando en características de extrema elegancia cuya consecución fue coincidiendo con la disminución cualitativa de temas e historietas"
En la entrevista que ya he mencionado de Manuel E. Darias, este le hace una pregunta a este respecto.
- ¿Y esa corrosión familiar que algunos especialistas han visto en Las Hermanas Gilda? ¿Eras consciente de ello cuando las dibujabas?
"Yo me acabo de enterar ahora. Si tú estudias analíticamente a cualquier personaje, le puedes encontrar las connotaciones socio-políticas más pintorescas. Nadie crea un personaje y lo hace pensando en adoctrinar, como no sea una historieta netamente política, claro".
También está la forma de crear historietas que tenía Vázquez, que siempre sospeché:
"Yo no tengo guión. Empiezo la historieta y no sé siquiera cómo va a terminar. Voy metiendo viñeta tras viñeta hasta que interrumpo la acción cuando llego al número de páginas pactado”. La misma entrevista del Diario de Avisos.
"Para dibujar en humor no valen técnicas especiales. Además, cuanta menos técnica, más suelto queda, más espontáneo y más gracioso. Tampoco me gusta hacer primero el guión y luego dibujarlo. Lo importante es partir de una simple idea y arrancar; luego, el final, lo resuelves en dos o tres viñetas. Lo importante es la acción, no el chiste del último cuadro." Declaraciones de Manuel Vázquez para Bruguelandia nº 2 de 1981





Y a fe que se nota. Los gags de Vázquez rezuman frescura, se nota que no estaban preparados ni planificados, sino que surgían naturales. Al menos es lo que me parece que ocurría en la década de los 70; para muchos especialistas y estudiosos, las  Hermanas Gilda habían perdido los valores que tenían a sus inicios. Para este vuestro pobre escribiente aficionado a los tebeos, posiblemente por haber crecido leyendo los tebeos de aquella década, Vázquez era un grandísimo humorista y un efectivo dibujante de humor, y las hermanas Gilda (y demás personajes) de aquella época son infinitamente mejores gráficamente y muchísimo más frescos que los documentos sociológicos que dicen eran las primeras historietas. Pero es una apreciación personal y totalmente  subjetiva. No en vano, uno de los primeros tebeos que recuerdo haber tenido entre mis manos fue el nº 9 de la colección Olé!, de las Hermanas Gilda, subtitulado “Y sus locuelas peripecias”, y contenía una recopilación de historietas de los 60 hasta 1971, año de su 1ª Edición.
Las Gilda (Hermenegilda, concretamente) comenzaron siendo un par de solteronas que buscaban novio, pero la tijera censora que cambió, entre tantísimas cosas, tantos personajes bruguerianos, las convirtió en una historieta sobre un par de hermanas, sin más. Según Vázquez, " Los personajes eran, en principio, muy eróticos. Siempre estaban buscando novio, hasta que la censura lo echó abajo. Yo me pasaría horas enteras hablando de anécdotas increíbles protagonizadas por la censura. Cosas absolutamente absurdas. Y es que a la censura se le podría escapar una teta, pero no se le olvidaría jamás el hacerte subir todos los escotes. En una ocasión me censuraron la palabra "dromedario". Me dijeron que era un insulto. Yo les dije que dromedario era un animal. Me contestaron que no era un animal. Se buscó un diccionario. "Hombre, pues es verdad que es un animal. No lo sabía. Pero también es un insulto". Y se tachó". (…) En Las Hermanas Gilda, como te decía antes, desaparecido el interés de ellas por buscarse un novio, ¿qué haces?, ¿qué haces con dos mujeres?”





A mi parecer, bastante hizo; lo que en otros personajes sin oficio ni beneficio, cuya característica principal era tener un nombre rimbombante y nada más, de tantos que se han visto por aquellas páginas de papel malucho y de poco gramaje, Vázquez hacía unas historietas deliciosas en su conjunto.
La censura atacó también nada menos que al moño de Hermenegilda. Sobre este particular habría dos versiones de porqué durante un tiempo Hermenegilda fue dibujada sin su característico peinado, y ambas dan idea de lo grotesco de la censura de entonces y de lo enfermizo de los pensamientos de aquellos que pretendían ser lazarillos morales. La de Vázquez en la ya mencionada entrevista, al estilo Vázquez: "Recuerdo uno singular. Una portada de una chica tocando el piano. Se suprimió. Luego nos enteramos de la causa: el piano era pornográfico. Un tercer ejemplo: durante un año le tuve que cambiar el peinado a la gorda de las Gilda, porque no podía llevar moño. Nunca supe la razón de esta orden. Sería porque moño rima con coño. Otro detalle: te habrás fijado que Zipi y Zape es la única familia que funciona con padres e hijos. Se dieron cuenta tarde y ya no pudieron dar marcha atrás. Todas las demás son a base de tíos y sobrinos, para que los niños puedan hacer travesuras. Y es que si había una travesura, nunca la podía hacer el hijo al padre. Y como la gracia estaba en las travesuras… entonces inventaron el castigo".

El escritor Francisco González Ledesma, que trabajó durante casi dos décadas en la editorial Bruguera, por su parte, decía mas coherentemente que “costaba patéticas discusiones con el censor que éste autorizara el moño que solía llevar una de las hermanas Gilda, de Vázquez, porque -informaba el censor a voz en grito- 'debería a ustedes habérsele ocurrido que las mujeres con moño son las más excitantes en la cama'”.

Pero volvamos a los orígenes, al año 1949, al nº 96 de la revista Pulgarcito. Vázquez tiene la audacia de crear una historieta cuyas protagonistas son dos hermanas solteronas que se llaman (apellidan) igual que la polémica e inmoral película protagonizada por Rita Hayworth. Al contrario que la actriz, el aspecto de las hermanas está bastante alejado de los cánones de belleza, cánones que podrían incitar a la lujuria desenfrenada por parte del público infantil, que no hacía más que encontrar tentaciones y demonios que les podían apartar del camino recto en aquellos nefastos tebeos, obra del Diablo. Así que contando con una señorita, Hermenegilda, entrada en carnes y bajita, morena al principio y más tarde pelirroja o castaña, dependiendo del capricho del colorista, y con el pelo recogido en un moño,  que busca novio y le sale el tiro por la culata, y una hermana seca como la mojama, alta, rubia y enfrascada eternamente en la lectura, Leovigilda, evita  el primer obstáculo de la censura. Si a esto le añadimos los nombres de pila, basados en el rey godo Leovigildo y su hijo Hermenegildo, que anduvieron a la gresca debido a la conversión al catolicismo del vástago, cosa que no gustó a su padre, lo que ocasionó una contienda militar, que acabaría con la captura y muerte del mártir, canonizado en 1585 (1000 años después de los hechos)…
Vemos que viven en la calle del Rollo, y desde el principio se nos muestra a una Herme muy activa e impulsiva, que va a ser la parte cómica de la serie y la desencadenante de todos los conflictos los gags. Leo, por su parte, ya se nos muestra como más arisca y cínica, más austera y entusiasta de la lectura. En esta en concreto vemos el primer libro que se ve leer a la más alta y delgada de las hermanas: un manual de Boxeo.
En la historieta vemos un ambiente de postguerra, de hecho también lo vemos de guerra, a pesar de haber transcurrido entonces una década del fin de la contienda (y algo menos del fin de la Mundial, pero España no participó, por lo que se descartaría esta última, si exceptuamos milicianos, divisiones azules y demás zarandajas). Lo de las Madrinas de Guerra es algo que surgió en Francia durante la Primera Guerra Mundial; para consolar al soldado hacinado en angostas trincheras y sometido a los rigores de la batalla, surgieron corresponsales voluntarias que les escribían largas cartas y, sobre todo, recibían cartas del soldado.  El hecho de redactar largas cartas y esperar respuesta tuvo un efecto casi milagroso contra la depresión y la “fatiga de trinchera” que mostraban los contendientes franceses. Era una correspondencia no necesariamente amorosa, aunque lo que el soldado esperaba era conocer personalmente a la chica con la que se carteaba durante un permiso y quizá llegar a algo con ella. No sólo se intercambiaban cartas. También se hacían regalos en cumpleaños, Navidad o fechas señaladas. Las madrinas enviaban a sus ahijados paquetes con comida o ropa de abrigo, a menudo tejida por ellas mismas. A cambio recibían alguna obra de artesanía en la que los soldados invertían sus horas muertas. Esta costumbre se transmitió a España durante las guerras de Marruecos. En la prensa española de la época abundaban las peticiones de madrinas de guerra por parte de soldados destacados en tierras africanas. La institución ganó popularidad  hasta el punto de que Miguel Mihura publicó en 1922 una comedia  en dos actos titulada La madrina de guerra.




Durante la Guerra Civil española hubo muchas madrinas en el bando nacional y no tantas en el republicano donde la institución no fue estimulada desde el mando por miedo quizá a la “quinta columna”  fascista, porque un aumento significativo de la correspondencia  con retaguardia desbordaría de trabajo de la censura militar que leía todas las cartas del frente. “La madrina no la concibo de otro modo: un poquitín de madre; otro poquito de hermana de la caridad; otro poquillo novia; y un 98% de amiga leal”, escribió un teniente a su madrina. Por otro lado, era común una insistencia del amadrinado durante los encuentros en el sentido de dar un paso más allá en lo físico (lo que las series norteamericanas nos han enseñado que allí llaman llegar a tal o cual base), basándose en que en dos días regresaban al frente, y en tres podrían estar muertos; chantaje emocional. Herme sería de las que aceptarían ese chantaje sin miramientos.

Otro detalle está en la firma del amadrinado original, Tirone Probe, remedo  del nombre de uno de los galanes de moda de la época, el actor norteamericano Tyrone Power (Táiron pouwer) al que en España, por mor del desconocimiento de la lengua de la pérfida Albión y antiguas colonias, se le llamaba tirone póver…
La canción que se “oye” al final es “María Bonita” de Agustín Lara. El compositor mexicano, casado con María Félix en 1945,  compuso varias canciones como María bonita, Aquel amor y Noche de ronda, entre otras, para su esposa. En España su figura era muy conocida a en la década de los años 1940, incluso recibió diversos honores y condecoraciones en todo el mundo, como la que recibiría de manos de Franco, quien en 1965 le obsequió con una hermosa casa en Granada (España), gracias a las canciones dedicadas a diversas ciudades como Toledo, Granada, Sevilla, Madrid, entre otras.
En una de las viñetas, en segundo plano, sale Heliodoro Hipotenuso, como implantado, de manera surrealista y fuera de contexto, lo que acentúa el carácter de humor absurdo de las producciones brugueriles de la época.
Y así se podría seguir desmenuzando la página en cuestión, por el hecho de ser la primera publicada de las hermanas Gilda. Veis que se pueden entresacar propiedades tales como el testimoniar datos de la época en que fue realizada. Y si queremos poner el acento en la crítica social, podemos recurrir a la viñeta en a que Leo le dice a su hermana, cuando llaman a la puerta, que si es un mendigo le de unos céntimos, diciendo que refleja las penurias por las que pasaba el pueblo durante la postguerra,  hasta tal punto que se consideraba normal que un menesteroso pidiera limosna puerta a puerta, e incluso se esperaba que ocurriera habitualmente. O hacer una feroz crítica basada en el hecho de la supremacía machista y racista implícita en la última viñeta. Sacar punta, vamos.






Lo que se ha visto en aquellas primeras historietas trascendiendo el chiste es una crítica a los lazos familiares y por extensión a la institución familiar y una manifestación de la frustración sexual de la España del momento, especialmente en Leovigilda que saboteaba sin cesar las románticas aspiraciones de Hermenegilda, y lo mismo con sus afanes de superación y mejora.  A  partir de 1955, con la intervención una vez mas de la censura y el ya nombrado en otros posts ( y lo que te rondaré, morena) Decreto de 24 de junio de 1955, se rebajó el tono en este sentido, y los únicos novios que buscaba Hermenegilda eran los Príncipes encantados convertidos en sapo que solía encontrase en sus paseos campestres, destino que comenzó a frecuentar cada vez más, convirtiéndose el campo en un escenario muy habitual de las historietas que protagonizaba la más inocentona de las hermanas, así como lo sería muy a menudo de las andanzas de La Abuelita Paz, casi tanto como le pasaba a Anacleto con el desierto. Asimismo, las peleas entre las dos hermanas suavizaron su tono aunque siguió habiendo abusos por parte de Leo hacia la pobre Herme, y si bien los finales no eran tan apocalípticos y violentos, sí que anunciaban una tragedia no mostrada, pero al más puro estilo (impuesto por) Bruguera.









La respuesta de Vázquez a la censura tuvo lugar en 1956, precisamente en una página de las hermanas Gilda en el que Hermenegilda da uno de sus habituales paseos campestres, encontrándoselo plagado de carteles prohibiendo de todo, por ejemplo, "prohibido pegar patadas a los botes" o "prohibido cazar mariposas", culminando con la última viñeta donde se puede leer, doce años antes del 68, el rótulo "prohibido prohibir". Aunque no tuviera intencionalidad oculta, insisto en que esto se refleja se quiera o no si el artista es sincero consigo mismo, y el señor Vázquez era un inconformista, además de un adelantado a su tiempo.
Reconociendo el valor histórico que puedan llegar a tener esas primeras historietas, lo que si se observa de veras, y sin hacer conjeturas y especulaciones, es la brutal evolución de ambas hermanas en lo tocante al aspecto gráfico. Una vez más manifiesto mi opinión personal al decir que pasaron de ser unos dibujos caricaturescos de trazo grueso y algo groseros (por toscos) a un prodigio de frescura y economías, rozando sin tocar el minimalismo  la capacidad de síntesis. Si bien vemos en esas primeras historias una vitalidad y un uso extraordinario de los simbolismos gráficos que Vázquez sabía usar como nadie y que desarrolló en sus primeros trabajos. Muchas veces me he sorprendido tomando una cara de plancha (literalmente) un Rosendo arrastrándose como un gusano y transfigurado en tal lombriz, una expresión de chasco en la que el cuerpo se retuerce como si estuviera poseído por Mr. Fantástico, y tantas cosas más, como lo más normal del mundo. Y es que lo estás viendo en una historieta de Vázquez. En otro lugar chocaría, parecería extraño, y nos haría pensar en lo extravagante del artificio utilizado. Incluso Ibáñez tuvo que recurrir al subterfugio de los disfraces de Mortadelo  para “justificar” los cambios de aspecto en un personaje para expresar sus estados de ánimo, cosa que Vázquez hacía como si tal cosa. Y que el humor es universal, y no necesita de aditamentos críticos o testimoniales, aunque también combinan adecuadamente, y muchas veces el humor es uno de los mejores vehículos disponibles, por ser lo que mejor y más fácilmente nos llega al alma, y se les puede juntar para contar una historia que busque hacernos pasar un buen rato, y al autor llegar a fin de mes o facilitarle el intento. 









Durante parte de los años 60, como cualquiera de los personajes que creó Vázquez, y que muy a su pesar pertenecían a Bruguera, las hermanas fueron chimpaizadas por dibujantes sin acreditar y el eterno Blas Sanchís. También algunas aventuras de 1960 están patrocinadas por Balones Plásticos Ceplástica-Ariz o ColaCao










En el año 2000, y dentro la serie filatélica titulada "Cómics, personajes de tebeo" y emitida por Correos y Telégrafos entre los años 1997 y 2001, se incluyó un sello dedicado a Las Hermanas Gilda.
Las hermanas Gilda, representantes de los más conocidos personajes de Vázquez, junto a la –familia Cebolleta y Anacleto, agente Secreto, seguían el esquema de la pareja de opuestos, el de el payaso torpe y gracioso y el payaso listo y serio, Miliki/Fofó y Gabi, el idealismo y el pragmatismo. Una pareja de hermanas que se querían y aborrecían a muerte, que casi eran un matrimonio mal avenido en el que Leo ejercía el papel de marido abusador y tirano, tomando lo que era habitual en la época, obligando a Herme a limpiar y a pedirla permiso para todo. Herme, un alma más libre, escapaba al campo como quien escapa en sus ensueños a un mundo más libre y mejor. 









Las historietas de las Hermanas Gilda y de Heliodoro fueron publicándose en Pulgarcito y Súper Pulgarcito, nacida por el éxito de la primera y de periodicidad mensual en 1949. Cerró en 1951 siendo sustituida por “El DDT contra las penas”, revista que pretendía aprovechar el hueco legal en lo concerniente a los contenidos de las revistas para buscar un público más adulto, ofreciendo un contenido más picante, dentro siempre de los estrechos márgenes disponibles, desde que el Ministerio de Información y Turismo concediera el mismo año a todas las revistas el epígrafe de "publicación periódica". Recordemos que el nº 96 de Pulgarcito sería el 96 de la segunda época, y que como podéis ver, no está realmente numerado. En el DDT Vázquez dibujaría chistes y crearía a Azufrito, Currito Farola, er niño e la bola y La familia Cebolleta, otro de los puntales de su trayectoria profesional y creativa. Y la leyenda de Vázquez seguía  aumentando.








4 comentarios:

  1. Atención, pregunta: ¿a ti te pagan por estos artículos?...es que están condenadamente bien documentados y le tienes que dedicar mucho tiempo, y como hay que comer...pues eso.

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  2. Si me pagaran no tendría que trabajar donde trebajo, que es donde en los ratos muertos hago la mayor parte de esto, así que, en cierta manera... igual si que me pagan por ello, `pero no lo saben

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  3. qu estás ¿de portero en un parking nocturno?, ja, ja, ja, ....

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  4. No, ahí si que tienen curro los fines de semana, que es cuando hago el grueso de esto. Es peor. Es un trabajo normal, de los de 9 a 6 en jormada partida. como los de la gente normal. Horroroso.

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