domingo, 19 de junio de 2011

Cosas de Familia: La Familia Cebolleta (9): El vil metal

Con crisis o sin crisis, el dinero siempre ha sido un problema para todo aquel que carece de el. Rosendo y familia, ciudadanos de a pie, no son una excepción. En esta serie de historietas de diversas épocas vemos como el dinero, o mas bien, la falta de peculio, es siempre fuente de ideas, lo que dicho sea de paso, le servía a vázquez como fuente extra de ingresos, que ya sabemos que el grueso de su capital lo ganaba de otra forma. O eso cuentan las leyendas, porque de ser todas ciertas, estaríamos hablando de aquel millonario que una vez fué autor de historietas cómicas.
Con el dinero no se juega, y no se puede hacer creer a toda una familia con problemas económicos que estos se han acabado. Jeremías acabará escarmentando.
En esta página setentera vemos uno de los malvados recurrentes de las historias de Vázquez: El inspector del fisco. Si no tienes dinero, mal, pero si lo tienes, este desprenderá cierto olor a carroña al que acudirán determinados buitres.

Todo un clásico que cuando no tenemos dinero soñamos, un pequeño milagro doméstico: el billete olvidado en un bolsillo del pantalón. En esta ocasión, el olvido era de otra índole. Fantásticos los pequeños placeres con que se obsequia Rosendo y el final es una fantástica elipsis narrativa. Por cierto, que Pernambuco (Brasil) era considerado según el tópico popular como un lugar lejanísimo al que se recurría para hablar de el sitio donde cristo perdió el sombrero (otra expresión popular). Otros lugares lejanos eran Las Quimbambas o Chimbambas o la Cochinchina.
La historieta que da tíulo a este post. Realmente no tenía este título, sino que al ser publicada en un tomo de la colección OLE! quitaban la clásica cabecera y le ponía el título expresamente para esa edición.
Personalmente, la época setentera (o de finales de los sesenta) de esta historieta es mi favorita gráficamente de las obras de Vázquez.
Tanto ahorrar para nada, debía de pensar Vázquez, así que a vivir que son dos días. Y para justificarlo dibujó esta antifábula con contramoraleja.Los años cincuenta seguían siendo difíciles para los cebolleta, una vez pasada la postguerra. Sorprendente la última viñeta, que debió de fastidiar al veloz y ahorrativo Vázquez (si, dibujando si) como recurso para finalizar la página, en la que vemos una inusual viñeta panorámica en perspectiva caballera y en picado, cuando lo normal era ver viñetas desde el el punto de vista de un espectador de teatro. Hasta el suelo era la propia parte inferior de la viñeta.
En esta que sigue vemos a la familia Cebolleta la borde del cataclismo económico; lLeonor con un saco de arroz como vestido, Jeremías con una lata de conservas, el abuelo con un tonel (y un remiendo en la barba!) y el niño con...el ABC (el periódico considerado entonces afín al Régimen, tan demócrata ahora como tantos políticos de la derecha moderada de ahora, no tanto entonces). Rosendo por su parte conserva su vestimenta habitual, aunque se sienta en una butaca con remiendos, y de su nariz cuelga una araña. La petición de aumento a su jefe falla estrepitósamente, por lo que la familia termina vistiendo con periódicos (Ahora Rosendo incluído). Vázquez utiliza recortes de una publicación real. Está en inglés. ¿Qué publicación sería? Vázquez siempre fué aficionado a los collages y diversas técnicas muy innovadoras para la época.
También podemos observar la longitud desmesurada de las narices. La del jefe de Rosendo además es pintiaguda. Y tienen las orejas en forma de espiral. Fué por esta época que Ibáñez "homenajeaba" al maestro.
También podemos apreciar esos recursos gráficos que Vázquez utilizaba con maestría y como si nada, como convertir al jefe en una alfombra para expresar el máximo aplanamiento. En una de las viñetas vemos un tranvía, que entonces circulaba por Barcelona, y ahora ha regresado (El Tram, la nova manera de viura la ciutat), connectando el Baix Llobregat (Trambaix) o Sant Adriá de Besós(Trambesós) con Barcelona, y recorriendo puntos de interés turístico.

En la siguiente historieta, en la que Rosendo pierde el sueldo del mes, cobrado en efectivo, Vázquez recurre a la deformación extrema de Rosendo y a poses muy dinámicas para expresar aún más su ánimo, llegando a angustiar con la extrema procupación del señor Cebolleta. Igual podemos decir de la mano que extiende Leonor reclamando el dinero en la segunda viñeta. El ersonaje que le devuelve a Rosendo la gomita...es para matarle.
Esta que vemos a continuación, de las más antiguas de esta serie, nos muestra a un atípico y razonable (por consejo de Jeremías) Rosendo, a la vez que desmiente que el aspecto que tenía  Diógenes en aquella época de empollón concordara con la realidad. El niño no estudiaría demasiado, al menos por esta historieta, pero era muy avispado!
Y entre las viñetas 9 y 10 otra elipsis narrativa que es la salsa del humor, efectivo y al grano.
La historieta que aparece a continuación, en la que un Rosendo flojo de dinero recurre a su familia, estafándoles, recuerda a la anécdota según la cual Vázquez "mató" a su padre para conseguir un adelanto (tenía que pagar su funeral) hasta dos veces. Me imagino que le haría una gracia "especial" al señor González.Esta está sacada del Tio Vivo 2ªÉpoca nº 875, de 1977, pero la historieta es más antigua. O sea, estamos ante una de esas reediciones. Por el estilo parece de principios de los sesenta. Si os fijais en el periódico La BOLA, en el que anuncian que a Rosendo le ha salido el tiro por la culata por partida doble, el texto que utiliza Vázquez para rellenar el resto parece una noticia sobre la inminente construcción de una presa en Egipto. La presa alta de Assuan comenzó sus obras en 1960.
A continuación una historieta también republicada en el 903 de Tio vivo, mucho más antigua como podemos ver por el estilo y por la aparición de la hija de los Cebolleta que no llegó más allá de 1954.
En esta vemos que lo barato sale caro y que el arte se vende más barato que un oficio manual... o yo que se, es el típico malentendido y ya.
Otro concepto de problema monetario según Diógenes.
Para terminar volvemos a los años cincuenta, con sus orejas en espiral, grandes narices, distorsiones del cuerpo y un hallazgo de Rosendo que se va al garete por culpa del abuelo.

4 comentarios:

  1. En la antepenúltima historieta (la del pintado de la casa), viñeta 7, me resulta desternillante que el bocadillo en que le dicen a Rosendo el presupuesto («treinta mil pesetas, pintura aparte») se encuentre en un tipo de letra distinto, concretamente en el habitual de las revistas Bruguera a mediados de los años 80. Sin duda refleja una «actualización» del importe para la reedición de la historieta, pues el precio original que en la década de los 50 tiraba a Rosendo de espaldas de la impresión, 30 años después habría resultado simplemente irrisorio.

    Me hace más gracia ese detalle que la historieta en sí, je, je.

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  2. Teniendo más razón que un santo, si este santo supiera de inflacción, verás que las quinientas pesetas que oferta el pintor de brocha fina que Rosendo presupone de brocha gorda están con la misma tipografía. Ahora hay que preguntarse por qué se cambió la tipografía siendo la original la característica de la casa, seguramente porque la página, que en su publicación original estaba rotulada a mano, ya estaba montada, y el director (Julio Fernández) se percató de ello, teniendo que hacer un pastiche de emergencia. Y quinientas pesetas en los años 70, casi 80, ya eran una bagatela. De hecho es lo que cobré yo pocos años antes por repartir publicidad de la ferretería del tío rico de mi primo, sueldo con el que adquirí mi primer tebe comprado por mis medios: El OLE! de El Caso del Calcetín. (75 o 65 pts, no lo recuerdo).

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  3. Hm, no me había percatado de lo de las 500 pesetas, 100 duros (o pavos), 2000 reales, 5 libras, medio talego o 3 euros (o pavos o aurelios o...), que de todas esas maneras y algunas más puede decirse.

    Tampoco había caído en que, si salió en el nº 903 del Tío Vivo, la reedición de marras no puede ser de la década de los 80 como yo estaba suponiendo. Es aún de la época en que el tipo de letra estándar era el «de toda la vida», que luego fue reemplazado por aquel otro «serif» que, finalmente dejó su sitio también a esa otra tipografía «sans serif» más gordita que, si no me equivoco, es la del bocadillo en cuestión.

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  4. El tipo de letra de toda la vida comenzó a mediados de los sesenta si no me equivoco. La rotulación a máquina sustituyando a la manual fué progresiva y tuvo lugar a principios de los sesenta con aquella tipografía como de máquina de escribir. el 903 de Tiovivo es de la segunda mitad de los setenta y ese "sans serif", diganos "bold" es, efectivamente, de los 80, como aquel intento que duró poco con una especie de Times New Roman. Esto refuerza mi teoría de que se trató de un parche de última hora, pero nadie se percaó de las 500 leandras, y si lo hicieron, no le dieron mayor importancia.

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