sábado, 7 de mayo de 2011

Las Profesiones en Bruguera: Una banda de delincuentes (1)

 
Muchos de los personajes que nos ofrecían semanalmente y a mansalva los galeotes que dibujaban para Bruguera eran profesionales, más o menos competentes, de algún sector de la sociedad. Sin ahondar demasiado estarían Pepe Gotera y Otilio en el sector de la chaouza, Flash como fotógrafo, Mortadelo y Filemón como agentes secretos, Pepe Barrena como piloto aéreo, Superlópez/Juan como superhéroe/oficinista, Sacarino como botones, Tribulete como reportero, Cataplasma en la medicina y Tragacanto en la enseñanza, Petra  en el servicio doméstico, Segis y Olivio son traperos y Manolón conduce un camión. Y estaban los múltiples oficinistas y/o chupatintas y los tipos sin oficio ni beneficio.
Pero había un sector, cuyas actividades se desarrollaban ligeramente al margen de la vida cotidiana, en el submundo de la delincuencia y el latrocinio. Siendo personajes de Bruguera, no podían por menos que resultar también unos fracasados en ese sector. Voy a tratar de ofrecer una pequeña semblanza de los que recuerdo, de esos personajes que eran:



En la mitología griega, Caco, hijo de Hefesto, era un gigante mitad hombre y mitad sátiro que vomitaba torbellinos de llamas y humo. Vivía en una cueva del monte Aventino en el Lacio (actualmente Roma), en cuya puerta siempre colgaban, para horror de los habitantes del lugar, las cabezas sangrantes de los humanos que devoraba.
Según la Eneida, Heracles condujo los rebaños de bueyes de Gerión tras haber derrotado a éste hasta las orillas del Tíber, cerca de la morada de Caco. Mientras pastaban, Heracles se durmió y Caco se encaprichó del ganado, robando cuatro parejas de bueyes que condujo a su cueva arrastrándolos de espaldas por el rabo, de forma que no dejaran huellas (Otra versión cuenta que Caco hizo caminar de espaldas a las reses para no dejar nuevas huellas.). Cuando Heracles despertó y se dio cuenta de que le faltaban cabezas, se enfadó de lo lindo. Descubrió el escondrijo debido a que las reses robadas y las que restaban comenzaron a llamarse mediante mugidos lastimeros, por lo que el forzudo héroe se encaminó hacie el origen de los mugidos, resultando ser este la cueva de Caco. Caco se asustó sobremanea, pues Heracles era bastante bruto y se defendió con sus fuegos y humos, pero Heracles ganó la batalla y de un cachiporrazo eliminó al gigante/sátiro de el mundo de los vivos.

Hércules y Caco en la Piazza della Signoria, Florencia.
La figura y hazañas de este dios se fueron simplificando en la tradición culta. Así, en el Siglo de Oro se le tomaba casi como patrón de los ladrones: en La Gitanilla se llaman el hurto y sus triquiñuelas «la ciencia de Caco» y de él decía Covarrubias que «siendo ladrón famoso hacía grandes estragos de robos, muertes e incendios».
Por ello en la actualidad «caco» se ha convertido sencillamente en sinónimo de ‘ladrón’.

Caco en Barcelona, en el Passeig de Sant Joan, con porra y saco.
 
Para distinguir a un genuino caco del tebeo, esta ha de ir ataviado como tal, pues se trata de un profesional que cumple con sus estándares a rajatabla. Ha de llevar, pues, gorra, antifaz y camiseta a rayas horizontales. Uno de los más reconocibles elementos de este submundo fue El Caco Bonifacio, nacido de la mano y el lápiz de Enrich. Este era el seudónimo que utilizaba Enric De Manuel González (Venissieux, Francia, 1930), uno de los últimos supervivientes de la afamada plantilla de Tío Vivo constituida por un grupo de dibujantes que rompieron con Bruguera en 1957 para fundar su propia revista. Aquel sensacional y rompedor "semanario de humor para mayores", editado por el sello DER (Dibujantes Españoles Reunidos) y comandado por Cifré, Escobar, Peñarroya, Conti, Giner, Pañella y Enrich , fascinó a los aficionados de entonces con un humor original, adulto y bastante atrevido para la época. Precisamente durante esa aventura Enrich creó su personaje más popular, Bonifacio, un caco que a pesar de sus desmanes delincuenciales es bonachón y cándido, y suele ser burlado por los demás, incluidas sus propias víctimas. Alto y llamativamente cabezón, con prominente barbilla que recuerda vagamente a Popeye si sustituimos la pipa del marino por una sempiterna colilla,  lleva el uniforme de su "oficio": gorra, antifaz y pañuelo anudado al cuello.


El Caco Bonifacio -dijo Enrich a Perich en DDT- me gustaba mucho, tenía algo de mí mismo y lo dibujaba con un cariño tremendo. Creo que a lo largo de los años, el dibujante y su personaje acaban teniendo una personalidad semejante".
Boni no nació en forma de historieta, sino en una serie de un chistes en la contraportada de la revista, hasta 1960, año en que, sin dejar sus chistes, su éxito hizo que llegase a tener serie y página propias. Al poco tiempo Enrich le proporcionó un compañero: Pancracio, más avezado, pero que siempre acababa cediendo ante la bondad de Bonifacio. Cuando el semanario Tío Vivo fue adquirido por Editorial Bruguera, El caco Bonifacio continuó publicándose, y permaneció en sus páginas hasta que en 1966 fue sustituido por otro personaje de Enrich, El conserje Toribio. ¿Qué había ocurrido?





Pues lo que ya he comentado en más de una ocasión en este vuestro blojjj.  Un caco, por bonachón que fuera, no era un buen ejemplo para los niños, que debían ser protegidos a toda costa de perniciosas influencias como la de este maléfico personaje. Era un ladrón, y un ladrón no es bueno, ni ha de ser imitado.









Como curiosidad, decir que en todo momento Enrich iba de la mano del genial Cifré, ya que les unía un lazo familiar; eran cuñados. Enrich se hizo cargo durante una época de El Reporter Tribulete al fallecer Cifré. También dibujó a Doña Urraca, pero en este caso fue un encargo a un dibujante de plantilla. Y es que a pesar de la popularidad de Bonifacio, y tener en su haber una gran plantilla de personajes, el estilo de Enrich, aunque correcto, era bastante impersonal, le faltaba ese “algo” de los grandes. Y encima era un pelín chimpa…
Enrich dibujó otra serie de historietas en las que un caco era coprotagonista; la otra parte de la ecuación era un policía, ataviado como un agente de los Keystone Cops. La serie era Ganzúo y Pesquisón, en la que Ganzúo, más avezado que su rival (y más listo que su antepasado Bonifacio), le burlaba de mil maneras, mientras que se conertía en la obsesiñon de Pesquisón, que debido a su sobrepeso nunca podía atraparle por medio de la persecución.

 

En Oviedo, Asturias, nació en 1945 Manuel Adolfo García Fernández. Allí es muy conocido, por sus muchas colaboraciones en La Nueva España y los álbumes de “Aventures de Xuanón”, además de haber publicado historias basadas en la mitología astur, como San Juanín de la lumbre, el Cuélebre, el Diañu Burlón, les Xanes, la noche de San Juan, de la noche de los druidas,etc. También es muy popular La Vaca Venancia, encargada por una marca de chocolates. También dibujó la Historia de Don Pelayo en La Voz de Asturias.
En 1971 comienza su colaboración con Bruguera. "Un día preparé una página para Bruguera y la envié a Barcelona directamente, o tuve mucha suerte, o necesitaban nueva gente para adaptarla a su estilo, ya que estaban demasiado viejos los de siempre. Recibí un telegrama para que me presentara en Barcelona y ... bien, así comencé mi colaboración con Bruguera y el personaje Pepe Murciélago". Se publicó por vez primera en Din Dan, pasando posteriormente por casi todas las publicaciones de la casa, bien en forma de nuevas historietas, o como una más de aquellas sempiternas reediciones, a lo largo de los 10 años aproximadamente que siguió funcionando la editorial. También dibujó para Bruguera al personaje Maratón.





Pepe Murciélago es uno más de los centenares de personajes que pasaron discretamente por las páginas de aquellos tebeos. Se trataba de un ladronzuelo de poca monta, bastante incapacitado para el desarrollo correcto de su profesión, que se metía en líos con una facilidad pasmosa. Aunque este personaje, que se dibujó durante una década, sufrió metamorfosis acordes con la evolución gráfica de su dibujante, su imagen más característica le retrata con el uniforme completo de caco, camiseta de rayas horizontales amarillas y negras y antifaz incluidos.  Tiene un socio, más pequeñín, llamado Teófilo, igual de incompetente que él, con gorra a cuadros y jersey de cuello vuelto. De vez en cuando se asocia con otros facinerosos de los bajos fondos, especialmente con la banda de Al Pepone. Su némesis, como no podía ser de otra manera, es la Policía, representada en este caso por Palomino.




La generación de dibujantes de la escuela Bruguera del 70, la que podríamos casi considerar como la última generación, nos trajo a Jan o Jaume Rovira, entre otros. Uno de los olvidados fue Luis Allué, que aportó series como Caco y Coco (1970) y Mac Fishgon (1972). Caco y Coco se publicaron en la revista Mortadelo. Era una pareja de ladrones de poca monta, hermanos, que no solo se dedicaban al latrocinio, sino a sobrevivir en historietas que, bajo la dirección de Rafael González, sólo tenían un objetivo: Imitar, si no a Ibáñez, a otra de las grandes figuras: Manuel By Vázquez.









 
En 1948, Josep Escobar i Saliente (Barcelona, 22 de octubre de 1908 - 31 de marzo de 1994) creó para la revista Pulgarcito a los gemelos más famosos e internacionales del tebeo español, los hermanos Zipi y Zape, la segunda historieta española más traducida después de "Mortadelo y Filemón".
Entre los muchísimos secundarios que adornaron las travesuras y peripecias de los hermanos Zapatilla se encontraba uno de sus adversarios: El Manitas de Uranio.







 El Manitas (antes "Manitas de oro" y anteriormente "Manitas de petróleo”) es un caco que suele robar por casas y comercios del barrio. Ha sido apresado muchas veces pero siempre logra encontrar la manera de escapar. No escarmienta y  suele ir muchas veces a robar a casa de Zipi y Zape desbaratando estos siempre  sus planes y entregándolo al otro gran enemigo del caco, Don Ángel, el gendarme afrancesado (“acensurado” , como diría Escobar). Tenía un hijo llamado Cacotín, compañeros de clase de Zipi y Zape. En algunas historietas antiguas también se le llamaba El granitos entre otros nombres. El manitas era el caco oficial del barrio, pero Zipi y Zape contribuyeron al arresto de otros delincuentes. Ya se verá algún día por aquí…


















Hacemos ahora una parada en la dirección más famosa del tebeo en España, el nº 13 de la Rue del Percebe, nos disponemos a subir a la tercera planta, izquierda. Allí habita otro caco de cuyas andanzas sólo conocemos el desenlace final. Suele cometer robos de objetos imposibles o insólitos, desde una nube a un paracaídas o un tiburón o un podio olímpico; también puede llevarse el trabajo a casa e incluso a la víctima del robo incluida, como cuando trató de robar al agarradísimo tendero de su propio edificio o una bicicleta con ciclista incluido, tal es su afán rateril. En ocasiones entra en su casa con el objeto sustraído mientras el acto del despojo es anunciado por la radio, como cuando roba el bombo de la Lotería, o lo que ha robado no era tan bueno como pensaba, robándole un maletín a un terrorista o un coche sin frenos. Asimismo, pese a lo que pudiera parecer por lo ya contado, este caco comente errores de vez en cuando, llevándose a un policía además de lo robado, o el objeto pretendido está fuera de su alcance, como cuando encuentra cepos en bolsillos tentadores.
Su aspecto es el tradicional de los cacos, con camiseta a rayas gorra y antifaz. Se llama Ceferino Raffles (guiño al ladrón de guante blanco creado por E. W. Hornung en 1899) y vive con su esposa, una especie de mujer fatal venida a menos, rubia y con un ajustado vestido negro, que es quien le cuida cuando comete errores o está en dificultades por los resultados de sus hurto, o le recrimina la inutilidad de lo sustraído, así como presume de lo buen profesional que es cuando se tercia.
Os dejo disfrutar de esta selección de las páginas enteras, al tiempo que amenazo con un…



























2 comentarios:

  1. Varias cosas:

    ·Yo diría que Caco no era un dios, tú mismo has relatado como fue muerto a manos de Hércules.

    ·Algunas de las innúmeras torpezas perpetradas por Enrich y Adolfo en estas historietas dejan tamañitas a las peores del tan denostado Sanchís.

    ·La historieta de Caco y Coco sobre el hombre invisible («el experimento») está incompleta.

    ·Me gustaría saber a qué se debe el diseño «escalonado» típico de la nariz de los cacos de Bruguera. En la familia del Manitas es muy gracioso que tengan esa nariz toda la familia, incluida la esposa, así como que todos sus miembros vistan permanentemente el consabido antifaz, incluso dentro de casa.

    ·Echo de menos a Maff y Osso, si bien imagino que esta carencia se solventará en una futura entrega.

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  2. Responsorio: No era un dios, pero el ser patrono de algo me ha hecho dejarlo tal cual y no sería el primer dios en ser mierto por alguien.
    Tanto Enrich,con enchufe por cuñado, como Adolfo, no dejan de ser mediocres (Enrich, aunque correcto, era bastante impersonal, le faltaba ese “algo” de los grandes. Y encima era un pelín chimpa), pero no he de denostar todo lo denostable a todas horas cuando el propósito no era ese.
    Las incompleteces son por carencias.
    De los cacos mostrados en esta entrega, solo el Manitas tiene ese escalonamiento nasal; se supone que la típica nariz gangsteriana en escalera es una caricatura de una nariz deforme, que indicaría que el poseedor del apéndice ha estado envuelto en más de un jaleo para llegar a poseer esa característica. Pero como dirían en "Los 7 Magníficos" al ver a un tipo con una gran cicatriz facial "Deberíamos contratar a ese tipo", por su aspecto rudo, a lo que Yul Bryner replica "Más bien deberíamos contratar al que se la hizo".
    Y más carencias hay que como bien adelantas, tal vez avisado por ese "Continuará", serán cumplimentadas en otra entrega.

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