miércoles, 4 de mayo de 2011

Esos anuncios de los tebeos (3) Historias pegajosas y la desaparición de algunas cosas: El chicle Dunkin


El chicle es una de las golosinas más consumidas (sino la que más) y mucho se habla de sus beneficios o se sus perjuicios. No voy a entrar a valorar esto, porque, entre otras cosas, ni es este el lugar ni me apetece. Pero está claro que es una…cosa… presente en nuestras vidas. Lo vemos masticar a algunos futbolistas, lo vemos en películas, sirve para calmar la ansiedad aunque se pueda convertir en una manía compulsiva; mascar chicle era una práctica muy común en los soldados durante la Segunda Guerra Mundial. Los soldados norteamericanos trajeron a Europa esa costumbre, aduciendo que les ayudaba a controlar la ansiedad y a reducir el estrés propio de la guerra.

Pompas

Un tipo haciendo chicle





Lo hemos despegado de los lugares más inverosímiles, desde un zapato hasta arrancando un mechón de pelo, pasando por cerraduras, bajos de mesas, hemos sido expulsados de clase por masticarlo (yo no, pero igual tu si), ya que desde siempre fue el enemigo nº 1 de los profesores… da tanto placer como asco, la verdad. Los chicles, esas gomas de colores insignificantes que cuestan una miseria y se venden en cualquier tienda de cualquier barrio de cualquier ciudad (excepto en Singapur) se han convertido en una obsesión para muchos. Unos los adoran, otros los odian. Y ya se sabe, los extremos nunca son buenos. Comer demasiados chicles puede producir diarrea. En Singapur llevan más de veinte años sin masticar chicle legalmente. Su consumo y comercio se prohibió en 1982. Había que mantener la ciudad limpia y, para qué gastar dinero en una campaña de concienciación si podían prohibirse directamente. Aunque la ley se suavizó en 2004. Ahora los singapurenses pueden mascar chicle, siempre y cuando sean sin azúcar, tengan una receta que justifique su consumo por fines terapéuticos y dejen sus datos en la farmacia donde los adquieran.
El chicle ha sido reflejo de los odios más sangrientos como el que se profesan palestinos e israelíes. A punto estuvo de desencadenar una crisis internacional. Corría el año 1997, allá por junio. En mitad de un rebrote de la Intifada, los palestinos acusaron a los israelíes de intentar mermar su población con chicles envenenados y, para más inri, fabricados en España. La estrategia era de lo más rocambolesca. El veneno, supuestamente, consistía en unas sustancias afrodisíacas que a la larga producían esterilidad.


Maquinita de chicles

Varios chicles antiguos

El ser humano es un animal de hábitos raros; a pesar de su omnivorismo, a veces rumia. Mascar sustancias gomosas es uno de los hábitos más antiguos que existen. Los griegos ya masticaban la resina de un árbol conocido como mastic. E incluso en Suecia se ha encontrado un chicle de 9.000 años de antigüedad. Se trata de un trozo de resina de abedul en el que se distinguen las marcas de la mordida de un hombre del Mesolítico.
Sin embargo, el concepto moderno de chicle, es decir, su concepto más comercial, se sitúa en la otra parte del mundo: América. El chicle, en su origen era una sustancia derivada de la savia de un árbol procedente de la zona de América Central y del Sur llamado Manilkara Zapota. Esta savia, había sido empleada durante muchos años antes del primer chicle por los diversos pueblos indígenas por su curioso sabor dulzón. Hoy en día la cosa ha cambiado y se emplea un compuesto derivado del plástico llamado Acetato Polivinílico, aunque fue hace tan sólo unos pocos años que se abandono el uso de la savia.
En España, la industria de las chucherías da trabajo a 6.000 personas, que anualmente fabrican 200.000 toneladas de golosinas; se calcula que se consume medio kilo de chicle al año por persona dando lugar a un volumen de ventas que según estudios realizados en el año 1997 mueve unos 175 millones de Euros. Hoy en día la infinidad de tipos, marcas y sabores de chicles son incontables, así como sus consumidores.


Bolas de chicle con recubrimiento de caramelo

El Cabezón de Booer

Disco de Juan Pardo con sintonía de anuncio de Cheiw

Añadir leyenda

Los chicles y el cine

El súper clásico Cosmos




Varias marcas de chicle






Entonces, con esta historia, ¿Cómo fue el chicle una de esas cosas que, como el tabaco o las patatas, no llevaron los conquistadores españoles a casita, quedándose en las Américas? Así como masticar hojas de coca se popularizó, el hecho de masticar chitli nunca tuvo aceptación entre los conquistadores españoles. Las causas: Las hojas de coca, al ser un regalo de los dioses, sólo eran consumidas por el emperador Inca, familia y allegados. El chitli era consumido por los más pobres y por las prostitutas que, con un ruido característico, atraían la “clientela”. Lógicamente, los rudos y machotes conquistadores de la época no podían compartir aficiones con prostitutas.
El inventor Thomas Adams, pretendía emplear la resina del Manilkara Zapota como una alternativa económica al caucho. Sin embargo, no resultó ser lo suficientemente sólida para el fin que pretendía darle. Intentando no perder demasiado dinero tras haber adquirido un gran cargamento de dicha savia, la empleó en el desarrollo de infinidad de artículos tales como neumáticos, juguetes o botas de lluvia, pero sin demasiado éxito.
Fue la afición de un general Mexicano exiliado en Staten Island (Nueva York) llamado Antonio López de Santa Ana a mascar dicho producto el que le hizo pensar en él como un sustituto a los diferentes productos de mascar que se usaban en la época como el tabaco y la parafina. En cuestión de poco tiempo logró conseguir una patente y en 1869 comenzó a comercializarla bajo la marca New York chewing Gum, aunque no fue hasta 1875 cuando fue mezclado el producto con jarabe de arce y regaliz para darle su característico sabor dulzón.


Dos ejemplos de chicle Adams

Dos anuncios de Chicle publicados en tebeos Bruguera


Chicles de Mortadelo y Filemón


La segunda versión sostiene que fue el mismo Adams quién estuvo de visita en las tierras de Quintana Roo (en la Península de Yucatán) y vio como los indígenas del lugar mascaban esta sustancia, lo que lo llevó a pensar que sería una buena idea exportarla a los Estados Unidos.

La cuestión es que en 1869, Adams solicitó la patente necesaria para su comercialización y, dos años después, la primera versión de los Chiclets Adams ya estaba a la venta en un Drugstore de Hoboken, en Nueva Jersey bajo la siguiente denominación: Adams’ New York Gum No. 1 – ¡Muerde y estira!.
Los chicles de Adams sabían a regaliz, pero quince años después un tal William J. White añadió el tradicional sabor a menta. Y como nunca hay dos sin tres, apareció en esta historia William Wrigley Jr. quien, además de crear el sabor a tutti fruti, era un gran visionario del marketing. En 1888 se desarrolló la primera máquina expendedora de chicles y un año más tarde se produjo la aparición de los chiclets, o chicles con cobertura sólida de caramelo. En 1891, envió un chicle gratis a todos los abonados al listín telefónico, bajo el eslogan: “A todo el mundo le agrada que le regalen algo a cambio de nada”. En total, un millón y medio de envíos. La euforia del chicle se había desatado.








Chicles y más chicles


Saltemos unos pocos años y situémonos en España. Más concretamente al año 1937, en plena Guerra Civil española. Luis Carulla i Canals funda la empresa Gallina de Oro. Desde su sede en el barcelonés Paseo de Gracia elaboraban un producto novedoso y revolucionario en el sector: los cubitos de caldo concentrado, compuestos por una onza y media de carne argentina y un extracto variado de legumbres y hortalizas. La producción se realizaba de forma artesanal, incluso colaborando en ella la señora de Carulla, María Font. El éxito del producto fue considerable y la producción se trasladó a la Carrer d´Aragó. Gallina de Oro decidió entonces aumentar su imagen de marca entre el mercado, creando una imagen corporativa, patrocinando programas radiados. Gallina Blanca se decidió entonces a ampliar su gama de productos, disfrutando de un posicionamiento en el marcado preponderante sobre la escasa competencia. Es de destacar las veteranísimas y archiconocidas sopas Gallina Blanca, con productos deshidratados, de fácil preparación y gusto agradable, que arrastran su éxito hasta nuestros días. En 1954 se introdujo el producto más novedoso de la empresa: caldo Avecrem, cuya aceptación en el mercado junto a sus sabrosas sopas, hace a la empresa trasladar sus instalaciones industriales hasta la localidad barcelonesa de Sant Joan Despí. Con el objetivo de hacer frente a la entrada de las grandes multinacionales de la alimentación en España, pocos años más tarde Gallina Blanca se asoció al 50% con Borden Co. Paralelamente, en 1964 se constituyó Agrolimen y empezó un proceso de diversificación. En esta segunda etapa, el grupo amplió su estrategia a la higiene, la comida para perros, y el vino y el cava. Tras cuarenta años creciendo como empresa en el mercado nacional, en el año 1979 decidió ampliar sus mercados en el mercado exterior, estando presente en más de 70 países en Europa, Asia central, América y África. El grupo Agrolimen consta de empresas como Affinity, Brekkies Excel, Purina ProPlan, Arbora & Ausonia, Evax, Tampax (licencia en España), Dodot, The Eat Out Group (Pans & Company, Bocatta, Fresc Co, Dehesa Santa María, Abassid döner kebab, Krunch, Pollo campero, Loga das sopas, Ribs y Burger King España), Caffè di Fiore, BioCentury Dietética, Mont-Ferrant Vinos, Lindor chocolate y bombones, El Pavo, Europastry y Fripan, Fresh & Ready, Pastafiore, Trinaranjus… Agrolimen posee el 20% de las acciones de Clickair, una aerolínea de bajo coste, fue propietaria de Congelados Reunidos SA (La Sirena) hasta el año 2005 y propietario de Joyco hasta 2004




Galiina Blanca (por si había dudas...)

Gallina Blanca comercializa una amplia gama de productos: caldos, sopas, platos preparados, pasta, refrescos y postres. Poco antes, en 1977, nació General de Confitería, sucesora de la comercialización de chicles que inició Gallina Blanca precisamente con la marca “White chiken” (pollo blanco). En 1999 se transformó en Joyco y en 2004 Agrolimen, el holding propiedad de la familia Carulla vendió su división de confitería Joyco a la estadounidense Wrigley fabricante entre otros de los chicles Orbit. Ya vamos cerrando el círculo. Si has tenido paciencia, enhorabuena.

Pues eso...






Una de las marcas que comercializaron Gallina Blanca (o Pollo Blanco), General de Confitería y Joyco fue DUNKIN. Y uno de los productos más populares de esta marca fueron los chicles Dunkin. Y muy importante resaltar dos cosas: La primera, que nada tiene que ver con la franquicia de rosquilla, donas o donuts, empleando el efecto de generalización de una marca para definir un producto (como el caso de Papel Albal o La Casera). Dunkin también tuvo este efecto en el caso de una de sus promociones, como veremos más adelante. Y la segunda. Que espero que todo este tocho haya servido para comprender lo que es el chicle y para responder a la eterna pregunta ¿Por qué ya no puedo comprar muchas de las cosas que me gustaban en mi infancia? En concreto, por qué ya no podemos comprar chicles de la marca Dunkin.






6 comentarios:

  1. Pasmado me has dejado con tanto conocimiento tan bien masticado.
    Por cierto, se te repite un parrafo por error a mitad del artículo.
    Los chicles que venden ahora son abominables, una bazofia repulsiva de sabor repugnante....¿dónde quedaron los exquisitos BangBang y Cheiw?

    ResponderEliminar
  2. Ya está corregido el error, por cierto, que no sé que ha sido del comentario del Muxhaxho a la hora de responder, pues ha sido quien me ha dado la pista. Cosas del copiar y pegar desde donde escribo estas elucubraciones que no van a ningún lado.
    Mis favoritos, o los que recuerdo con más cariño, eran el Cheiw (concretamente el de fresa ácida, así era yo de temerario) y el Cosmos.

    ResponderEliminar
  3. ¿A qué #!?¿#@ sabía el cosmos????!!!!!!!

    ResponderEliminar
  4. Ya, ya. Eso es lo que querían que creyésemos...

    ResponderEliminar
  5. ¿Y a qué sabe el regaliz negro?

    ResponderEliminar