jueves, 5 de mayo de 2011

Crónicas de un pueblo: Agamenón (3)


Proseguimos en el repaso a la población de Villamulos y en el personal que rodea las rústicas historias de Agamenón. Tenemos al propietario de la tienda local, El Tío Perico, negociante de pro, con su cartel “Hoy no se fía, mañana si”, que ya hemos visto que, además, forma parte de la Prisidencia Monicipal del Monicipio. Aparece en una de mis historias favoritas, El Gran Cross, donde comencé en mis más tiernos años a apreciar a Agamenón, Bernabé Sesoclaro, “vecino que, contrariamente al resto de los villamulinos, lee libros en lugar de cavar nabos”, y que “le ha crecido mucho la cabeza y muy poco todo lo demás” el resto del reparto que se presenta es digno de elogio, pero son forasteros, así que os dejaré disfrutarlos en la historieta.






 

Manolín el pastorcillo, el tío Macario el fontanero, el tío Belorcio el relojero, el tío Casimiro el “retratero”, el tío "Potingues", boticario, el tío Melencio, el hombre más feliz del pueblo, “El Tuerto”, peluquero del pueblo, el tío Quico, mesonero, Simón Agarradete Agarradillo, también conocido como El tío Tacañete, que no hace falta especificar más qué distinción le caracteriza… así, según Estivill manifestó en una ocasión, hasta setenta personajes secundarios, que el recordase… Muchos son circunstanciales, aparecen tan sólo una vez, e incluso se confunden los nombres y se mezclan, en un ejemplo de la falta de continuidad brugueriana que también afectaba a esta serie a veces. El tío Belorcio es el relojero, pero en una ocasión también llama así al tendero, cuando ya hemos visto que era el tío Perico; incluso en esa ocasión, el rótulo de la puerta es el correcto.
El tío Perico, con unos primitivos Agamenón y Cipriano





Varias historietas con el tío Tacañete
El peluquero "Tuerto"
En el mesón del tío Quico
El tataragüelo y el tío Potingues
El tío Perico (ver el cartel de la tienda) aquí se llama tío Remigio
El feliz tío Melencio
 

Agamenón tiene amigos de su quinta, con los que comparte en muchas historias latrocinios frutales en el huerto del tío Nemesio, de los que casi siempre salen escaldados, juegos bestiajos y demás correrías de los mozos. Anfrodisio, bajito y con una gran boina es seguramente su mejor amigo, y el que más aparece en la serie, suele preocuparse por los problemas de Agamenón y, o bien acaban a porrazos o con el amigo epatado y diciendo aquello de “m´as matao!”. Aunque también está Ulpiano, alto y de gran barbilla, o Manolón, con su extraño sombrero o lo que sea, aunque este último suele tener menos participación. Compañeros también en la escuela, comparten sus “preocupaciones” por lo mal que se les da meter conocimientos en sus molleras, trucos para no realizar las labores campestres con sus padres, se hacen favores que más valdría no pedir a alguien tan burro como Agamenón. Agamenón, gracias a la escuela, supone el sustento de los cultivadores de calabazas de la región por sus malas notas; ¿Y qué ocurre con las otras calabazas? Porque a Agamenón le tiene “priocupao” lo que piense de él la Belorcia, una vez más este nombre, ahora en femenino, que es la moza por la que Agamenón bebería los vientos, si supiera lo que significa tal expresión. A él le gusta la Belorcia y basta, ridiela!
La Belorcia
Agamenon suspira por la Belorcia y sigue los consejos de Anfrodisio
La cuadrilla de Agamenón
"Ayudando" al Anfrodisio
Las cosas de los mozos
Agamenón y Anfrodisio, a palos
El peral del tío Nemesio
Los mozos trabajan para el tío Macario
Reparto de las labores
No es bueno discutir entre amigos
La magia campestre
 
El pueblo colindante con Villamulos, y por ende y como es habitual entre vecinos,  gran rival, especialmente en lo futbolístico, es Villaburros (ambos equipos están en tercera regional, siendo los de Villaburros los “campiones” de la comarca), que suele estas más aventajado que Villamulos en varios aspectos. Esto supone siempre gran quebranto para los villamulinos, que han de idear siempre alguna estratagema para no quedar por detrás de sus vecinos. La gran parte de las veces lo consiguen gracias a la intervención de Agamenón, terminando la historieta  condecorado o llevado en hombros, en lugar de ser perseguido por enfurecidos portadores de garrotes. No se puede negar que en Villamulos, el deporte tiene gran importancia.
 
El pueblo colindante con Villamulos, y por ende y como es habitual entre vecinos,  gran rival, especialmente en lo futbolístico, es Villaburros del Cerro (ambos equipos están en tercera regional, siendo los de Villaburros los “campiones” de la comarca), que suele estas más aventajado que Villamulos en varios aspectos. Esto supone siempre gran quebranto para los villamulinos, que han de idear siempre alguna estratagema para no quedar por detrás de sus vecinos. La gran parte de las veces lo consiguen gracias a la intervención de Agamenón, terminando la historieta  condecorado o llevado en hombros, en lugar de ser perseguido por enfurecidos portadores de garrotes. No se puede negar que en Villamulos, el deporte tiene gran importancia.

En la última viñeta un cartel señalizador
Agamenón campión
Agamenón entrenador deportivo
Competencia en todos los aspectos
Mas entrenamientos

Agamenón pasa por todo tipo de experiencias que ponen a prueba su inteligencia, saliendo la mayoría de las veces muy mal parado debido a la ausencia  de ella; o tal vez a un uso equivocado e la misma. Sufre un “cuento de la lechera a la inversa”, en el que invierte ocho mil “riales” en la compra de un huevo de gallina. Tampoco es muy aficionado Agamenón a trabajar en el campo, dejando casi siempre toda la labor para su padre, El tío Cipriano, al que sí que puede llegar a ayudar “a su manera” si hay embutidos bien curados por medio, o buen vinillo de la bien abastecida bodega de El Cipri, aunque a veces la ingesta de dichos manjares le pueda producir dolores de cabeza. Literalmente. Y tampoco conviene poner a trabajar al mozo o encomendarle recados, porque suele liarla de lo lindo.
Ni para echar una quiniela
Ayudando al siñor alcalde
El cuento de la lechera versión Agamenón
Agamenón es mu burro
Zampando choricicos
Trabajando en el colmado del tío Perico

Agamenón no debe de ser tan animal, si tanto le gusta el vino
Ni dormido ayuda

Agamenón no es ninguna lumbrera, aunque sea “avispao” cuando le conviene. Su propia madre lo sabe es consciente de que su cabeza está llena de serrín, literalmente, como vimos en otra entrada según el diagnóstico del doctor Serrucho, y a veces se incide sobre esto. Eso sí, “cuidao” con intentar hacerse el listo con el Agamenón,  que te puede salir el tiro por la culata, aunque seas un “desos ilustraos de la ciudá”.


La cabeza llena de serrín
Los espabilaos de la ciudá

Nene Estivill nos mostró con Agamenón una serie de historietas que se alejaban del concepto  bruguérico de tebeo infantil, aportando una dosis de observación satírica se la sociedad rural de entonces. Agamenón nos ofrecía una presentación llamativa, un nudo con situaciones que se iban hilando hábilmente, aderezadas con algo de bufonada que implicaba la exageración de la violencia física (Lo que los angloparlantes conocen como slapstic), geniales y numerosos personajes secundarios, mostrándonos una comunidad que, sin renunciar al progreso si se mostraba reacia a las moderneces, y conservadora de sus tradiciones a toda costa; un loable homenaje a aquel tipo de vida rural. Con todas las situaciones que creaba y la riqueza de los personajes Nene Estivill utilizaba un humor con un punto surrealista, hablando de cuestiones cotidianas del campo, de las casas y las familias, del “municipio” y sus “monicipalidades”, de una manera costumbrista y, sobre todo, utilizando aquel tipo de lenguaje tan coloquial y…entrecomillado.
En fin, Agamenón es una serie que debería ser revisada y no caer en el olvido, pues podría sorprender a más de uno; es, como ya hemos señalado, un personaje único e irrepetible, que nos ha dejado como legado una visión sobre una forma de vida que ya no volverá.

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