domingo, 17 de abril de 2011

Crónicas de un pueblo: Agamenón (1)



Alejandro Santamaría Estivill falleció el pasado 30 de marzo de 2011 en Palma, donde venía residiendo desde 1987, a la edad de 84 años, habiendo nacido en Pontevedra en 1926.
Estivill fue empleado de Telefónica entre 1940 y 1986, y gozó de ese empleo fijo llegando a ser director regional. Ese trabajo le llevó de su Pontevedra natal a Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca. Pero si hubo algo que le llevó a todos los rincones de España y le hará inmortal, fue esa parte de su trabajo que quiso abandonar para vivir más decentemente, aquel por el que se le conocía por su firma, Nené Estivill, y especialmente por su creación más famosa, y la más insólita en la Historia de los tebeos en España, más concretamente, dentro de los de Bruguera. Estamos hablando de Agamenón.
El auge de las revistas de historietas, tebeos las llamamos por estas lindes, de la editorial Bruguera tuvo lugar entre los años 40 a 70. Durante aquellos años, España era un país fundamentalmente rural, aunque fue a mediados de los 60 cuando la evolución demográfica cambió, iniciándose el éxodo del campo a las ciudades. En 1950, el 33,5% de la población vivía en localidades de menos de 5.000 habitantes, mientras que el 30,2% vivía en municipios de más de 50.000. Así, el periodo 1950-1981 fue una época de grandes desbalances regionales, sin precedentes en la historia demográfica española. En este periodo, la provincia de Madrid ganó 2.800.675 de habitantes, y la de Barcelona 2.386.615. Mientras tanto, 23 provincias perdieron de manera absoluta población, y Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla la Vieja y el antiguo Reino de León (salvo el foco de Valladolid), gran parte de Andalucía y Aragón (salvo el foco de Zaragoza) vieron reducidos de manera muy importante su capital humano.
A partir de 1981, España se convirtió definitivamente en un país con población eminentemente urbana.




 
Aún así, si tomamos como termómetro de la sociedad las creaciones artísticas de la época, nos encontramos con una clara laguna en lo referente a la vida rural en los tebeos de Bruguera, que Nené Estivill rellenaría con Agamenón. El resto de historietas son eminentemente urbanas, hechas en la ciudad para gente de ciudad. Sí que hay fe del fenómeno del éxodo rural, como podemos ver con Ceferino el Pueblerino de Pineda Bono, o en el caso de Petra de Escobar, ambos de pueblo, pero ya instalados en la urbe. Tampoco falta el personaje con pasado rural, aunque sea de manera recurrente para contar la historia, como el mismo Mortadelo, o las idas de algunos personajes a visitar a la familia que no emigró y el contraste habitante de campo/visitante de ciudad, pero son casos aislados y sirven de excusa para contar un gag con pueblerinos, cual chiste de Gila.
Vázquez, aquel madrileño que emigró a Barcelona, da cuenta de que existía la vida fuera de las ciudades: La familia Churumbel vive en el campo, la Abuelita Paz y Hermenegilda se pasan la vida en la campiña; La Familia Gambérrez sí que es de pueblo, una vez más, Vázquez innovando y saliéndose de todo lo establecido con su formidable creatividad, pero es algo anecdótico. El verdadero personaje de pueblo, que puede dejar un testimonio de lo que fue, desde un punto de vista caricaturizado y cómico, la vida en los pueblos, con sus tópicos, el único es Agamenón.











Y sólo por eso pasaría a la historia del cómic en España Nené Estivill. No sólo es único por esta razón. Nos encontramos con un auténtico rara avis en todos los sentidos:
Por un lado, Nené Estivill tenía trabajo en Telefónica fuera del campo de la historieta, por lo que no dependía de los ingresos que este mal pagado trabajo como dibujante le proporcionara, como demuestra además el hecho de que abandonara el mundillo para dedicarse al trabajo que le daba realmente de comer. Llegó a Bruguera en la hornada que iba a rellenar el hueco dejado por los cinco que marcharon a independizarse creando la revista Tio Vivo, aceptando, como todos, las draconianas condiciones que la editorial imponía a sus dibujantes y cediendo los derechos de sus personajes, cuando no tenía por qué hacerlo al no ser su necesidad la misma de aquellos que “sólo” dibujaban.


 
El trazo en los dibujos de las historitas que se publicaban era limpio, mientras que el suyo era más bien sucio. Se ha hablado mucho del “feísmo” de Estivill, para contraponerlo a la pulcritud del resto de los dibujantes. No estoy muy de acuerdo en el término “feísmo” que puede tener connotaciones negativas. Aún a riesgo de parecer un gafapasta cualquiera (y aseguro que la montura de las mías es metálica), el estilo de Estivill podría ser definido como expresionismo barroco. Antes de que se me eche encima una multitud de puristas, explico el porqué del despropósito expresado unas líneas atrás. Expresionismo porque no es un trazo amanerado, es contundente e incluso puede llegar a variar según la actitud del personaje. Los personajes definen el trazo tanto como el trazo define a los personajes.  Otro claro exponente de este tipo de trazo expresionista  sería Segura, aunque ambos dibujantes comenzaron siguiendo el trazo limpio que era marca de la casa. También le ocurrió a Raf, que de trazo limpio pasó a trazo ágil, siendo uno de los primeros en utilizar para pasar a tinta el rotulador (e incluso trazaba las líneas delimitadoras de viñetas a mano alzada y a trazos cortos, para no “salirse de la línea recta”.) Lo de Barroco va en la multitud de detalles que se permitía Estivill incluir en sus viñetas, en forma de pelos de bigote, cabellos atados en moños, nudos y circunvalaciones en los enormes garrotes o en los árboles, las líneas de los pantalones de pana, el empedrado de las calles del pueblo, el mimbre de los cestos y las sillas, los pajares y un largo etc. 








"Siempre he entendido la historieta como creación, algo instintivo que nace y se desarrolla dentro, en el corazón y en el entendimiento del autor. Los personajes son como "hijos" suyos y el "ambiente" algo que debe vivirse y convivirse por el mismo autor. El autor que crea y "forma" al personaje, imagina y discurre el tema, el guión; piensa los textos y realiza, por fin, la historieta, que es la conjugación de todas esas ideas que lleva dentro de sí, con su estilo propio; propio de su carácter, de su forma de ser... Por eso, creo que cuando todos esos factores se conjugan sin intromisión ni directrices ajenas al espíritu creativo del autor, es cuando la historieta (esa página que se mira y se lee en unos minutos escasos y que a veces cuesta tanto hacer), sale auténtica, mejor o peor, pero auténtica. Ésa ha sido siempre mi intención, mi sentimiento, mi independencia, no rebelde, simplemente sentida. De todos modos, debo decir que yo jamás he recibido ni directrices ni presiones; en todo caso algún consejo técnico y en muy rarísimas ocasiones". Declaraciones de Estivill al ser preguntado por su peculiar estilo dentro del encorsetado patrón Bruguérico.
Y por supuesto, la temática de Agamenón. Es un personaje de pueblo, en un pueblo, con las costumbres de un pueblo.







Agamenón Cazurrete (pues así se apellida)y compañía son de Villamulos del Monte. El pueblo está ubicado en un lugar indeterminado de la España rural, aunque todas las pruebas apuntan a que ese lugar indeterminado está situado en Aragón. Las terminaciones en “-ico” ya apuntan hacia dicha localización, pero definitivamente es la expresión más característica de la serie, “Ridiela” la que nos da una seguridad de a qué región pertenece Villamulos. (También estas pruebas apuntarían a la zona de Navarra colindante, Tudela y aledaños, pero el Ridiela es definitivamente aragonés).
A este respecto, Nené Estivill dijo:
“Mis abuelos eran gente del campo y yo siempre he sentido un gran cariño y apego hacia esas gentes, esos pueblos y sus ambientes. Villamulas del Monte es un pueblo de alta montaña que podría, imaginariamente, situarse próximo al Pirineo. De clima duro por las nieves, el frío y los vientos, pero hermoso por sus espesos bosques, verdes altos valles, ríos de agua clara y no contaminada, allí se respira aire totalmente puro. Habitable para personas muy fuertes y resistentes. Sus gentes son, por naturaleza, rudas y, por necesidad, consumidores de fuertes y abundantes alimentos. Son personas poco letradas, pero intuitivas; inocentes rayando en la ingenuidad; nobles, sinceros y carentes de hipocresía y de doblez; hombres de pocas palabras y bastante brutos, suelen resolver sus disputas por “la vía directa”. Agamenón reúne  todas esas virtudes, pero en más, en mucho más. Y, sobre todo, Agamenón es sensiblemente humano. Cuando lo creé no me inspiré en nadie, nació y ahí está. No así los personajes complementarios que son, muchos de ellos, personas que en alguna ocasión formaron parte de mi vida y de las que guardo un recuerdo imperecedero”.








En estos tiempos en los que un paso en falso te puede suponer el ser acusado de cometer una incorrección políticamente incorrecta, se pierden de vista varios factores, y el principal es tener en cuenta el contexto histórico y las circunstancias en que fueron creadas determinadas obras. Personalmente doy más valor (infinitamente más) al respeto y conservación de la obra que a la corrección política para no ofender a algún sector tiquismiquis. Con esto quiero decir que el retrato hecho al mal llamado “paleto” podría ofender, pero creo de hecho que a quien ofendería en todo caso sería a algún politicastro o trepa administrativo, o a algún polemizador de vía estrecha que ni pincha ni corta al no pertenecer al colectivo de gente de pueblo de los años 60-70. Curiosamente, cualquier persona que haya vivido lo suficiente en el ambiente retratado en las historietas de Agamenón durante la época en que fue dibujado, disfruta más y reconoce muchas de las historias, y encima sabe que son tebeos de humor, exageraciones. Y no faltará el que manifieste que no solo son exageraciones, sino que peores las vio. Ah! ¿Qué sería de Gila en estos tiempos mojigatos?








Como testimonio en otros medios afines de la vida rural, tendríamos la popular (por entonces) serie de TVE, Crónicas de un Pueblo, recordada con mucho cariño por quienes la vieron en su día, posterior no obstante a la historieta que estamos “desmenuzando”. No faltaría en el cine la figura del “paleto” o del noble hombre del campo, pero casi siempre vista en contraposición a la forma de vida urbana, fuera llevando al pueblerino a la gran ciudad o introduciendo elementos urbanos en territorio virgen, como en cualquier película de Paco Martínez Soria, en Bienvenido Mr. Marshall, Cateto a babor, etc. (y este etc. es muuuy largo), pero escasamente vista per se como en el caso de la serie televisiva mencionada y Agamenón. En todo caso, tendríamos excepciones como “Los Santos inocentes”, por estar basada en la novela del escritor del campo castellano, Miguel Delibes, o personajes humorísticos como El Gañán, en La hora Chanante o Marcial Ruiz Escribano en Muchachada Nuí  (a vueltas con los derechos de autor detentados por quienes no son autores, una vez más, en pleno siglo XXI) o el popularísimo Tio La Vara de Jose Mota. El personaje Pinín, muy conocido en Asturias, tiene un componente fantástico que no casaría aquí por su temática, aunque posiblemente se podría incluir a Josechu El Vasco de Muntañola, personaje del TBO, personaje que trataba los tópicos de los habitantes del campo de  Euskadi, de gran fuerza física. Más moderno (aunque ya ha  cumplido sus 20 años)sería el otro Aragonés de pro, Supermaño de Alberto Calvo, bastante más bestia que Agamenón y Josechu, en todos los sentidos y sin implicaciones negativas en la definición de bestia.








Realmente ¿Hay algo de malo en Agamenón?  Agamenón es un mozo bruto pero noble. Las dimensiones de su cabeza contrastan abiertamente con la estrechez de su intelecto, al menos de lo que se considera intelecto en una sociedad urbanita, pues en muchas ocasiones demuestra ser sabio, a su manera. En otras es casi tan tonto como Gordito Relleno (otro personaje políticamente incorrecto). Además, podría ser fácilmente primo hermano de Otilio, el chapuzas que tiene como jefe (patrón) a Pepe Gotera. Aparte de cierto parecido físico y la robustez (aunque Agamenón tiene más cabeza) les uniría un apetito descomunal. La diferencia es que Agamenón se limita a zampar productos naturales, hortalizas o vituallas procedentes de la matanza, mientras que Otilio, come cualquier cosa, a cual más extravagante.  Volviendo a Agamenón, a veces sabe leer y a veces no. Me vienen a la cabeza dos historietas en las que no sabe leer. En una vapulea a sus amigos por no haber sabido leer determinada nota, dándose cuenta finalmente que él tampoco sabe, acabando siendo perseguido por todos armados de un inmenso garrote. En otra, el marqués de Perogrullo se asombra al ver a Agamenón hojeando revistas en inglés, francés y portugués, a lo que el mozo replica que igual le da el idioma, sino sabe leer ninguno…
Agamenón, mozo de pueblo, sin apenas cultura, algo bestia y con un apetito insaciable. Y persona muy noble, siempre dispuesto a ayudar. Y para ello utiliza también su fuerza, que parece descomunal. Como grandes son sus pies, que calza con botas del número 54. Agamenón es un personaje que cae bien porque tiene una sola cara, no hay trampa en el, es un ser natural, producto de la naturaleza, una fuerza de la misma, sin adulterar ni edulcorar. A veces parece el “tonto del pueblo”, pero, ¿Es realmente tan tonto? A este respecto se suelen dar estas situaciones:




 

Alguien que se cree más listo va a aprovecharse de Agamenón; Resultado, Agamenón se las apaña para resultar vencedor y el listillo sale escaldado.







Hay un problema y Agamenón se  ofrece a resolverlo; Resultado, Agamenón la lía.







Agamenón intenta demostrar que no es tan tonto; Resultado, demuestra que lo es más.








Alguien trata de instruir a Agamenón; Resultado, Agamenón aprende, pero a su manera.

Agamenón vive  con sus padres y abuela. Su padre, gran amigo del alcalde, es Cipriano, hombre bajito y bigotudo, poseedor de una gran reserva de vino (que se bebe en porrón, tras cuya ingesta es preceptivo limpiarse con la manga) y de una variedad de embutidos caseros procedente de la matanza de los que da buena cuenta el alcalde, y en cuanto se despista, Agamenón, y además a lo bestia, de una sola tacada. Parece ser que anteriormente, el compadre Cipriano era el poseedor oficioso de El Mozo más bruto del pueblo, ahora en poder de su hijo, y anteriormente en poder  del defunto agüelito de Agamenón. Este despierta los recuerdos a su abuela de su antepasado por su forma de ser y actuar, sino por ser su vivo retrato, tal como podemos observar de vez en cuando en alguna pintura y fotografía.
La madre de Agamenón es  sufrida mujer de campo, peinada con moño, cubierta con toquilla y protegida con mandil. Como ocurre a menudo con este tipo de personajes, el nexo familiar más visible y recurrente es con el padre, pasando la madre prácticamente a un segundo plano; con esto se  hace sin pretenderlo una parábola de la situación de la mujer en la sociedad rural de los años 60. Hasta tal punto que a lo largo de las aventuras semanales de Agamenón se le distingue con dos nombres: Cayetana y  Sinforosa.







La abuela de Agamenón apenas tiene papel en la serie (con algunas excepciones, que las hay, y siempre demostrando la gran sabiduría que ha atesorado con los años y un ingenio muy despierto), y se limita a ser testigo de los desenlaces, casi siempre mientras desempeña alguna labor campestre. Así y todo, es la que pronuncia el latiguillo que se hizo tan notorio en aquellos años, pasando a formar parte el acervo popular que, como desgraciadamente ocurre en estos días, se está perdiendo: “Igualico igualico que´l defunto de su agüelico”, decía mientras observaba socarrona como su nieto era perseguido por furibundos paisanos armados de descomunales garrotes. Y descomunales eran también los chichones que les brotaban a los personajes, los más grandes del universo Bruguera. El recurso de la coletilla final aportó popularidad a la serie, y Estivill también la utilizaba en su otra serie popular, La Terrible fifí, donde un abuelete duro de oído respondía a cualquier comentario que se le hiciera con un "Pues es lo que yo digo, si no juega xxx no hay nada que hacer", siendo “xxx” el delantero de moda en el Barça de la época.
“El final de una historieta lo entiendo como el postre de una comida: lo que deja el último sabor. A mí me gusta que ese último sabor sea, al margen del tema de la historieta, el común denominador de cada personaje, como una rúbrica, como algo que los identifique. Así nacieron y se mantienen “la ancianita preguntona” y “los jubilados chafarderos” en Fifí, y la abuelita que siempre ve en su nieto el vivo retrato de su difunto esposo, en Agamenón”.












Agamenón reproducía fonéticamente el habla popular de Villamulos del Monte. Eso tenía un efecto dificultador en la lectura, al que no obstante se llegaba a acostumbrar el lector. Me recuerdo a mi mismo leyendo las historietas de Agamenón en voz razonablemente alta, tratando de reproducir el acento y las incorrecciones lingüísticas.  Precisamente fue una de las primeras en usar este recurso, que también podemos ver en el habla andaluz en el caso de Curro Papanata, también de Estivill, o Curriyo Farola “er” niño “e” la bola, de Vázquez, en la familia Churumbel, también de Vázquez, y se hizo marca de la casa de Ivá al reproducir el argot de Makinavaja o de los pequeños soldaditos de la Puta mili, o de Vaquer y su Johnny Roqueta.
En un principio, y desde la aparición de la serie en el nº 20 de la revista TioVivo (2ª época, la del retorno de los 5) en 1961, el habla no se entrecomillaba, pero se empezó a hacer hacia 1967, seguramente como consecuencia del Estatuto Regulador de Publicaciones Infantiles y Juveniles. Este estatuto, aprobado mediante decreto por ese señor que actualmente tiene unos característicos andares, quien sabe si producto de su baño por aquellos entonces en Palomares, regulaba la clasificación de las publicaciones por edades dependiendo del contenido (“jovenes", "adultos" y "todos los públicos”, lo que durante una época provocó que el DDT fuera una publicación para adultos sin ir más lejos) y por ende si el contenido era adecuado. El entrecomillado se debió de hacer al considerar que el lenguaje utilizado era incorrecto, por lo que había que entrecomillarlo para no crear confusión en las jóvenes mentes españolas, que al verlo entrecomillado ya sabrían que ese lenguaje no era adecuado. Recuerdo a este respecto que también se entrecomillaba a Fideo, uno de los personajes de El Corsario de hierro, ya que al ser italiano y utilizar términos de ese idioma, no podían ser confundidos con palabras genuinamente españolas. Lo mismo ocurría con Sir Tim O´Theo y los términos en inglés, claro,  y con Segura, de quien ya dijimos que destacaba por un uso del lenguaje muy particular, aparte del habla de Pepón o de Eufemia, la chacha de Rigoberto Picaporte.  En el caso de Agamenón, el entrecomillado era apabullante.








Continuara...















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