sábado, 9 de julio de 2011

La fama de traviesos de los Zipi y Zape, una muestra más.


La colección Magos de la Risa de Pulgarcito era una serie de cuadernos grapados, con el interior en blanco y negro y cubiertas en color. Pertenecían a la colección ALBUM INFANTIL PULGARCITO y cada número constaba de una historieta original de 10 páginas protagonizada por los personajes de la revista Pulgarcito. Se publicaron unos 42 números entre 1950 y 1951.
En este vemos a unos terribles Zipi y Zape, más traviesos de lo que nos tienen acostumbrados, ya que aún no se habían promulgado la Normas sobre la Prensa Infantil y Juvenil de 1955, por lo que el humor y las historias están más desmadradas. Después, las historias de Zipi y Zape irían apartándose de esta estética y temática demoledora, tornándose más costumbristas, y los gemelos “mejores personas”, aunque siguieron conservando la fama de terribles con la que nacieron desde el nº 57 de Pulgarcito en 1948.
Vemos que el lenguaje utilizado en los diálogos es ese retorcido y casi churrigueresco galimatías absurdo que se inventó Rafael González como sello de la casa. Asímismo vemos como en varias ocasiones exclaman “Zapateta!”, expresión muy típica de las series de Escobar. También me llaman la atención algunos guiños a la actualidad de entonces y pasado de ahora.
Nada más empezar, en la segunda viñeta, tras el titulillo, se hace referencia a una película de Sandrini. Este era Luis Sandrini, uno de los actores cómicos argentinos más respetados y queridos por crítica y público, que desarrolló su carrera entre 1933 y 1980, año en que falleció a los 75 años mientras rodaba Qué linda es mi familia de Palito Ortega. Actuó en la primera película sonora argentina, ¡Tango! dirigida por Luis José Moglia Barth en 1933, en la que salían estrellas del tango como las estrellas del tango Libertad Lamarque, Azucena Maizani y Tita Merello.
Viendo Don Pantuflo, que espía a sus vástagos, como estos están desarrollando una incipiente vocación médica (confundiendo, a mi parecer, lo que no es más que un juego con una orientación de cara al futuro, pero claro, esas son interpretaciones extra tebeísticas que no dejan de ser conjeturas a las que Escobar dedicaría seguramente un encogimiento de hombros), decide iniciarles en la profesión, previamente a los pertinentes estudios, con un amigo galeno. Esto muestra la preocupación del señor Zapatilla por el futuro de su prole, queriendo para ellos lo mejor, si esto significa no pasar apuros económicos. Todo padre con los mínimos posibles en la época quería que su hijo fuera médico o notario (o cura, y posteriormente, ingeniero) al ser las profesiones mejor remuneradas. Don Pantuflo manifiesta que les quería hacer estudiar para estraperlistas.
El término estraperlo o straperlo es usado en España para referirse al comercio ilegal de bienes sometidos a algún tipo de impuesto o tasa por el Estado. Por extensión, es una actividad irregular o intriga de algún tipo, y se usa como sinónimo de mercado negro. A quien practica el estraperlo se le llama estraperlista.

El origen de este acrónimo está en un escándalo político ocurrido durante la Segunda República Española, producido como consecuencia de la introducción de un juego de ruleta eléctrica de marca "Straperlo", nombre derivado de Strauss, Perel y Lowann, apellidos holandeses de quienes promovieron el negocio. Era un juego de azar, similar a una ruleta. La bola y el cilindro de los números se accionaban mediante un botón que era controlado por un mecanismo de relojería, gracias al cual el banquero podía ganar siempre.
De mayo a agosto del 34, sus artífices intentaron introducir este juego en España, para lo cual debieron resolver trámites que autorizarían legalmente su uso pero no ocurrió así. 
El juego, prohibido en la España del 35, podría haber sido introducido gracias al dinero que recibieron ciertas personalidades para que facilitasen su establecimiento.
El hecho saltó a la opinión pública como “un escándalo”, pues ciertas personas que ocupaban cargos públicos, así como cercanos a éstos habrían recibido dinero para su establecimiento. Tras varios intentos (en San Sebastián y Palma de Mallorca) en los que se cesó el negocio, Strauss intentó el chantaje, pidiendo una indemnización que le compensara por la inversión efectuada, y al no conseguirlo, denunciaría a sus protectores políticos. El affaire provocó la dimisión en cadena y el cese de varios políticos de primera línea, tras un debate que transcendió a las cortes acerca de las responsabilidades políticas de algunos de sus valedores.
El escándalo, hizo mucho daño al gobierno de Alejandro Lerroux y a su partido obligándole a abandonar el gobierno; fue utilizado también como argumento de crítica tanto por la oposición derechista como por la izquierda y ahondó más aún en la distancia entre las posturas políticas.
A partir de este escándalo la palabra estraperlo ha quedado como sinónimo de chanchullo, intriga o negocio fraudulento. Así, por extensión, se denominó también estraperlo, durante la posguerra española, al comercio ilegal (mercado negro) de los artículos intervenidos por el Estado o sujetos a racionamiento (decretado por el régimen de Franco desde 1936 hasta 1952), recibiendo el apelativo de estraperlistas los que se dedicaban a tal comercio.
También se menciona en dos ocasiones a Antoni Ramallets i Simón, más conocido como Ramallets, un futbolista y entrenador español que jugaba de portero, desarrollando la mayor parte de su carrera en el FC Barcelona. Escobar y la mayoría de los dibujantes de Bruguera eran fanáticos futboleros, y reconocidos culés. Las buenas actuaciones de Ramallets en el Barça le abrieron las puertas de la selección española, que le convocó para el Copa Mundial disputada en Brasil al término de esa misma temporada. El portero azulgrana era conocido como el "gato de Maracaná" por su gran agilidad y por la extraordinaria actuación que tuvo en el estadio homónimo (Maracaná).
El final de la historieta, habiendo causado los Zipi y Zape una serie de catástrofes, secuestros, lesiones, y destrozos de mobiliario, termina con una huída al Congo. Estas huídas tras cometer una tropelía por parte de un personaje bruguérico son todo un clásico, y también marca de la casa.
Por cierto, que los leones del Congo se asustan de la llegada delos gemelos, pues su fama les precede. Pero creo que no es tan fiero el león como le pintan. O en este caso, los Zipi y Zape…











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