sábado, 9 de abril de 2011

La película de la semana (cuando veo película en la semana en curso) (6)




He leído por ahí que a Clint Eastwood le está pasando un poco como a Woody Allen, salvando las distancias, y es que se tiene en mente que al ser un gran director, cada película suya que se estrene ha de ser valorada desde esa óptica, y que valorarla por debajo del notable sería considerado poco menos que un sacrilegio. Y a continuación, tras esta disculpa, se atreve a valorar por debajo del notable la última película de Eastwood.
En primer lugar me llama la atención ese “salvando las distancias”… ¿Qué distancias? Los dos, en sus estilos y con obra propia lo  suficientemente contrastada, premiada, valorada y glosada, son enormes cineastas que han pasado ya a la historia del cine con letras de oro. Mucho me temo que ese “salvando las distancias” esté motivado por un resquemor del pasado de Clint, aquel pasado en el que era el actor más taquillero, durante los años 70, y cuyas películas, dirigidas por el mismo o por Don Siegel o Ted Post, eran denostadas por la crítica de entonces y encuadradas en la misma categoría que las de Charles Bronson o Chuck Norris. El tiempo ha puesto a cada uno en su sitio, y es ahora cuando se atreven tímidamente a apreciar a Harry El Sucio, El fuera de la ley o Fuga de Alcatraz. A mí, particularmente, la única que me parece que flojea  sería Firefox, y aún así, me gusta. Y las más “chorras”, por llamarlas de alguna forma, aquellas en las que interpreta a Philo Beddoe… el tipo del orangután, y bien entretenidas que son. Ya quisiera alguna de las que se estrenan actualmente con ínfulas llegarles a la altura de los tobillos. (Bueno, actualmente y de toda la vida, no nos vamos a poner puristas a estas alturas)
Me gusta llamar a Clint Eastwood “el último de los clásicos”. Cualquiera hubiera dicho que aquel chavalín que salió fugazmente en la secuela de La Criatura del Lago, en Tarántula o La mula Francis en la Marina, iba a alcanzar el estatus, no ya de estrella, sino de leyenda viva. Cualquier película en la que aparezca su nombre, casi seguro como director, despierta un interés en mí que pocos autores logran. Lo malo, es que mis expectativas pueden verse defraudadas, pues tengo a Clinton Eastwood Jr. En muy alta estima, y tiene el listón muy arriba. Lo bueno, es que mis expectativas no se ven defraudadas… habitualmente.
Confieso con amargura, al tiempo que no se dar explicación a tamaño dislate, que aún no he visto Invencible. Pero si que he visto la que se ha traducido como Más allá de la vida en España, aunque el título original significa “A partir de ahora”, o sea,   

Hereafter.

Uno de los carteles
 
Y toda esta introducción para decir lo que voy a decir a continuación. La película me ha gustado. Pero no me ha gustado. Porque es de Clint Eastwood. Siendo de Clint Eastwood podemos encontrar momentos brillantes y una forma de narrar magistral, porque Clint Eastwood es un maestro brillante, pero por ser de Clint Eastwood echo en falta… el clintisbudismo de las películas de Clint, ese narrar cosas sin artificios, sin añadidos. ¿Cómo explicarlo?
La película la conforman tres historias que, inevitablemente, han de converger al final. Posiblemente porque ya tiene unos señores 80 añazos, el amigo Clint haya sentido la necesidad de manifestarse sobre algo que nos ha de sobrevenir a todos, y que él debe ver más cercano debido a que tiene la fecha de caducidad más cercana. Estas tres historias tratan sobre la muerte, vista desde el punto de vista del vivo. Por un lado tenemos a Cecile de France interpretando a una periodista francesa que sobrevive a una catástrofe y tiene una experiencia cercana a la muerte, o sea, que se muere pero vuelve a revivir, y ve la luz blanca y todo eso. A partir de ese momento (hereafter) su vida se verá irremediablemente afectada por ese hecho, e incluso dará un giro profesional en ese sentido.
La Periodista





Por otro lado tenemos a un niño cuyo hermano gemelo muere, por lo desde ese momento (hereafter) sufre viendo que aquella mitad con la que tuvo origen su vida a partir de una única célula, parte física de él y ser complementario, ha desaparecido de la existencia, por lo que una mitad suya debería estar muerta, ya no es un ser completo, y si lo fuera, ¿qué será de él cuando le pase lo mismo? ¿Ha desaparecido su hermano o sigue ahí, pero en otro plano de la existencia?

Los niños




Y finalmente está Matt Damon, una persona que debido a una enfermedad cerebral que padeció de niño, desarrolla desde entonces (hereafter, again) una percepción extraordinaria, que le permite de alguna manera comunicarse con las, llámense esencias, fragmentos de conciencias, almas o espíritus de aquellos seres muertos a través de un simple contacto con uno de sus deudos. Y esa capacidad le aterra y le repele.

El vidente




Lo que pasa es que todo lo que rodea a las tres historias me parece material de relleno y carente de interés, y ralentiza la película a veces hasta el sopor. El asunto del affaire romántico con el productor de la periodista, el tema de asuntos sociales con los niños ingleses y el medio ligue frustrado en el curso de cocina de el vidente me parecen tangenciales, obviables y de relleno. Cosa que jamás pensé que vería en una película de Eastwood. Y ese es el problema. Si en lugar de ser una película de Eastwood fuera una de Fulanito Mengánez, posiblemente estaría hablando de lo brillante que me pareció, y estaría obviando esto.
Así que destacaré lo bueno, buenísimo, para compensar la injusticia cometida. Mucha gente la habrá ido a ver por la escena del tsunami. La verdad es que es escalofriante, ya que además reproduce la famosa grabación del turista que grabó la llegada de la ola gigante desde un hotel de Indonesia, con aquellas sombrillas como patético símbolo festivo de la fragilidad de todo lo humano versus las fuerzas de la Naturaleza. Pero la maestría y sentido de la elegancia de Clint Eastwood no hacen que esta sea una escena de pura carnaza. Es desgarradora y espectacular, pero de lo más respetuosa, no busca la sangre, sino el escalofrío, la angustia…Nos hace copartícipes de los seres humanos coches y escombros arrastrados, no espectadores sedientos de vísceras.


La otra escena tiene lugar durante los atentados de Londres del  7 de julio de 2005. Es una escena fantástica en el sentido genérico, por género, de la palabra. Nos lo confirman más tarde, pero estamos viendo una historia de fantasmas sin que se vean fantasmas y sin que parezca una historia sobrenatural. Y del atentado sólo vemos una columna de humo saliendo de King Cross; tampoco hay sangre ni mutilaciones, solo respeto y eficiencia narrativa hacia un tema tan arriesgado de reflejar. De hecho, creo que este film es la película de fantasía sobrenatural más realista que se haya hecho jamás. Y al decir realista hablo de la Realidad. Con mayúsculas tan rotundas como desesperantes, pues está jalonada de muerte, expedientes de regulación de empleo, ataques terroristas, desengaños amorosos, miseria, alcoholismo…
Las tres historias acaban convergiendo, quizás algo artificiosamente, pero es donde apuntaba la película y su destino natural, así que no pondré más objeciones.
No obstante, no puedo atreverme a recomendar la película, pues es una de esas que necesitan de un determinado estado de ánimo para verla, y si no estás en ese estado de ánimo, puede desgarrarte el alma, hacerte estallar en lágrimas o dormirte. Qué cosas.

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