domingo, 3 de abril de 2011

Crónicas de un Pueblo y Niñas terribles: Nené Estivill

A falta de escribir algo más decente, valga este post de homenaje, pues parece que, a falta de confirmarlo, y desde luego, no aparecerá en los medios de comunicación masivos, el dibujante pontevedrés Alejandro Santamaría Estivill, conocido artísticamente como Nené Estivill, ha fallecido hoy a la edad de 85 años.
Nacido en 1926 en Pontevedra, comenzó su andadura en los años 50 en revistas gallegas como Camino o Potosí, y en La Risa de Editorial Marco. En 1956 dibujó en la revista Jaimito y dos años más tarde empieza a trabajar en Bruguera, durante la época del éxodo de los 5 grandes. Allí creó a sus dos personajes más populares, La Terrible Fifí, en 1958 y, sobre todo, Agamenón, en 1961.
Desde el principio, los dibujos de Estivill contrastaron abiertamente con los del resto, ya que su línea era más confusa y “feista” en el buen sentido del término, en contraposición a la línea más depurada y pulcra de los dibujantes habituales.
Lo curioso es que Nené Estivill compaginaba sus dibujos con un empleo en Telefónica. Así que, en cuanto sus deberes para la compañía de telecomunicaciones se incrementaron, así como su sueldo, queremos suponer, dejó de dibujar historietas para dedicarse a ganarse la vida más holgadamente y mejor. Que es lo que siempre ha tenido ser dibujante de tebeos en España; que es una vocación abocada a pasar hambre.
En espera de que surja algo decente en este mi deteriorado caletre para rendir justo homenaje a este dibujante, grande ya sólo por el hecho de haber creado uno de los retratos de la España profunda, del pueblo, y nunca mejor dicho, más acertados, y sin duda, el más popular, os dejo unas muestras para disfrutar de lo que este hombre nos legó.
“Igüalico, igüalico, que´l defunto de su agüelico” Descanse en paz.











1 comentario:

  1. No conocía yo a ese Curriyo Papanata, ni me había enterado de la muerte de Nené Estivill y, por no saber, hasta ignoraba que se llamase Alejandro Santamaría. Siempre aprecié mucho a Agamenón, aunque los extensos diálogos plagados de comillas me hacían un poco farragosa su lectura.

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